Diálogo 1968

Editorial: Mientras haya desigualdad habrá lucha

Este 1° de Mayo nos encuentra movilizados y movilizadas una vez más en las calles, orgullosamente presentes. Las y los trabajadores organizados son el verdadero motor progresista de la sociedad uruguaya, e históricamente han sido el escudo de las mayorías populares, de los más débiles y del conjunto de la población en los últimos 60 años. Permanece aún su defensa inclaudicable de la legalidad democrática, de los derechos sociales y económicos y, en suma, de la libertad. 

Alto precio se ha cobrado en luchadores sindicales y políticos de este movimiento clasista. Movimiento  combativo con sus miles de presos/as, torturados/as, asesinados/as y exiliados/as en la infame y larga dictadura. Sin olvidar también, claro, la persecución de las patronales y los poderosos, las listas negras y las difamaciones en forma constante, un día sí y el otro también. 

Y nos encontramos al final de una larga batalla, movilizante, heróica y fructífera contra la Ley de Urgente Consideración, saldada con derrota. 

Decimos que es movilizante, porque se logró una vez más superar las divisiones y las vacilaciones del movimiento popular, impulsando las firmas y logrando las 800.000. Básicamente por la fuerza y la rebeldía de las y los de abajo, en los barrios y en los lugares de trabajo y estudio. Primero logramos juntar de a pocas, charlando, dedicando un rato de nuestra vida al encuentro y la militancia, y después de a más, apoyados en varios sindicatos, saliendo en barriadas. Hasta lograr, en plena pandemia, cuestionar este gobierno de ricos para ricos, que es privatizador, recortador de salarios y derechos. Se han dedicado a aumentar la represión y son insensibles ante el desastre que significó para más de un millón de uruguayos el aislamiento «voluntario» y todas sus consecuencias, quedando 66 mil personas por debajo del nivel de pobreza cuyo 30% son niños y niñas. Ya allí resultó comprensible todo lo que faltó y aún falta para que nunca más haya hambre, falta de vivienda y de esperanza, exclusión innecesaria e injusta, y violencia en todas sus formas. En definitiva, comprendemos que la lucha renace y renacerá, porque es  nuestra razón de ser y de organizarnos. No debemos abandonarla hasta lograr derechos, dignidad, libertad y justicia para todos y todas.

Decíamos heroica porque no sólo hubo que vencer el miedo a la enfermedad y la incertidumbre, desnudando una sociedad armada para la ganancia y el «negocio» que por supuesto solo favorece a unos pocos,  y más en crisis, a los que ya son dueños de todo y sus alcahuetes. También fue desafiante tener que salir a  explicar innumerables cambios que está fatídica ley instaló en nuestra sociedad, sistemáticamente favoreciendo al dinero y a la explotación, antidemocrática en esencia y, por lo tanto, autoritaria. 

Y decíamos fructífera, porque a pesar de la derrota, nos volvimos a encontrar con la grata y fortaleciente sensación de que podemos, de que somos la mayoría, y que organizados/as y participando, tarde o temprano no nos podrán detener. 

Sólo agregar que se perdió con un sistema absolutamente concentrado en mentir todos los días, expandiendo el odio al pobre, vendiendo el bagayo de la superación individual, meritocrática, «posible», con su defensa de los «malla oro» que «dan riqueza y trabajo» y otra serie de fantasías (algunas cuentos muy viejos). Muestran también hasta dónde ha avanzado el discurso del «sálvese quién pueda» y de los «mejores» pasan, y también de desesperanza, de alienación y anomia. Ese es el partido de los poderosos, hoy cómo siempre, derechistas, ultraderechistas y neofascistas, que se extreman ante dos fenómenos complejos y simultáneos: la incapacidad del capitalismo de garantizar los mínimos derechos para la humanidad y la no destrucción del planeta, aumentando la competencia contra todos y expandiendo la explotación salvaje y la incapacidad de la clase trabajadora, absolutamente mayoritaria en la sociedad, de generar una alternativa lo suficientemente poderosa y estable para torcer el rumbo y enfilar para otro lado.

Las y los trabajadores movemos al mundo: hemos construido alternativas antes y lo haremos ahora.

Tal vez eso fue lo que faltó para ganar, inmersos cómo estamos en este «clima cultural» e ideológico de desesperanza y derechización. Pero sabemos por experiencia histórica que la tarea es no resignarse y volver a construir programa y organización capaz de triunfar. Las pistas están. Y por supuesto, nos seguiremos encargando de la imprescindible solidaridad, cómo se demostró magníficamente ante la ola de hambre que generó la pandemia. 

¿Alguien duda, a pesar de nuestras propias carencias y debates internos, que sin los sindicatos el hambre no hubiera sido mucho peor? Hemos dado otro paso de conducta ejemplar en la solidaridad con nuestro pueblo y es allí, sin duda, que nos construimos y tenemos posibilidades. 

¡Salud trabajadores/as uruguayos/as! Confiemos en la solidaridad y en la pelea. Porque no es posible sin enfrentar a estos dueños del capital, que el máximo horizonte que ofrecen es acumular riquezas sin fin .. para ellos y solopara ellos 

Y las pistas están decíamos…y los desafíos también. Enfrentaremos las rebajas salariales, y también la desigualdad que se extiende. Enfrentaremos la «robotización» y daremos la lucha por todos los puestos de trabajo exigiendo la reducción de la jornada ante las ganancias cada vez más grandes de las patronales. No permitiremos que con las nuevas modalidades de teletrabajo y otras se rebaje ningún derecho duramente conquistado. Tampoco habilitamos que ante «emergencias» declaradas unilateralmente se habiliten contratar trabajadores por el 60% del sueldo y sin derechos, cómo ya pasa con los Jornales Solidarios y modalidades afines. 

Contra la exclusión de un sector de nuestro pueblo creciente, lucharemos para impedir la rebaja de las prestaciones sociales, arteramente denunciadas por la derecha cómo privilegios ¡¡Cuándo no llegan a $12.000 para una madre con 5 hijos!! 

Vamos a enfrentar con todas nuestras fuerzas la reforma regresiva de la seguridad social que propone el gobierno…y algún «desatento». 

Este gobierno tambièn se apresta a dejar sin un peso al brillante (y construido de abajo) Plan Nacional de Agroecología, que busca garantizar la soberanía alimentaria, y sería un arma formidable contra el hambre. Mientras financia millonariamente a las grandes extensiones para la exportación, para hacerlas “más ambientales” y ahí también hay una pelea imprescindible. La repartición del dinero, de los recursos y los medios de  producción están para discutir. Necesitamos desde ya un salario universal que permita mínimamente sacar a muchísimas personas de la miseria más inaceptable, y es preciso luchar por ello. Se ha desmantelado el Plan Nacional de Cuidados y su promisoria fuerza que debemos defender a rajatabla, el círculo virtuoso que genera puestos de trabajo mientras le garantiza derechos a amplios sectores de la población de las clases populares que nunca los tuvieron. Tareas de cuidado que generalmente son sostenidas por las mujeres en una clara división sexual del trabajo que aún persiste. 

Quedan más pistas y desafíos, a construir con el movimiento popular en su conjunto, otro desafío que se ha logrado y se debe lograr de vuelta. Asimismo todos los días nos jugamos por ampliar la participación en nuestras organizaciones, democratizarlas todo lo posible y más garantizando la información y la formación, la insoslayable lucha feminista por la igualdad hacia afuera y hacia adentro, y abrir los caminos necesarios para las y los más jóvenes.

¿Pensamos realmente que sin que la sociedad reclame de las siderales ganancias financieras de los rentistas, y de las enormes ganancias de los dueños de la tierra y las fábricas, cada vez en menos manos, podremos sacar de la miseria a los millones que no tienen garantizado ni una vivienda, ni un plato de comida, ni transporte, ni una vida digna con futuro? 

¡Salud trabajadores/as organizados/as del Uruguay!

¡Salud sindicatos! ¡Arriba las y los que luchan! 

¡Unidad para luchar, unidad para vencer!

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