Diálogo 1968

Editorial: Volver a dar pasos firmes en la lucha de los colores

Por Varey Elora Viera

Cuando hablamos de interseccionalidad de las luchas, es preciso detenerse en pensar en cuáles son las luchas que se hacen cuerpo, en todes y cada une de nosotres.

La opresión es una pedagogía panóptica y fiscalizadora, y dicho sea de paso, de las más efectivas. Genera la necesidad de oprimir a le otre, y sobre todo siendo este quien está por fuera del nosotres, ese nosotres que forma parte de un imaginario colectivo casi de nacionalidad, o lo que es peor, de clase.

La subdivisión de los roles sociales, laborales y culturales, y la super especificidad  de las tareas a abordar por cada une de elles, genera a la vez una diferencia en los microacumulados, disgregando a la sociedad de tal manera que si no aunamos las luchas y buscamos la intersección entre cada una de ellas, va a generar una cooptación general de las luchas por parte del capital.

Desde qué lugar nos paramos frente a estas, es esencial para ver de qué lado de la mecha estamos.

Hoy en día vemos que el posmodernismo ha conducido a la izquierda a la indefinición, la ambigüedad conceptual y la desmovilización política, y por otro lado vemos una constante confrontación de parte de los sectores neoliberales y ultraconservadores, que permanentemente le dan continuidad a los discursos de odio, negacionistas y antiderecho, perpetuando un dispositivo de ordenamiento de las opresiones, que relegan a los sectores no hegemónicos hacia la periferia sociopolítica cultural.

Es así que se ve más claramente la necesidad de construir un discurso realmente de izquierda e interseccional, que se enfoque en sintetizar prácticas revolucionarias y nos direccione ideológicamente desde un lado totalmente opuesto al de los discursos conservadores del status quo general.

Desde este punto de vista hoy nos toca reflexionar sobre los feminismos y la diversidad. Ambos dispositivos hermenéuticos (conjunto de categorías que utilizamos para interpretar la sociedad) nos remiten a la tarea de buscar un cambio social y político en clave de género.

El progresismo fue un modelo que se embarcó en este camino, pero naufragó en el intento.

La ley que tanto trabajo dio impulsar no se cumple en su totalidad, demostrando otra vez que no alcanza con legislar: hay que tomar cartas en el asunto, y convertir al estado de una vez y para siempre en un catalizador de las demandas populares, garante de los derechos ya existentes, y vector guia de los que faltan por conquistar.

Hoy en día las disidencias sexogenéricas, sobre todo las identidades trans, se encuentran con otras trabas burocráticas, sociales, culturales e incluso epistemológicas en su día a día. Laboralmente no incluides, a nivel de sanidad totalmente excluides por un sistema de salud totalmente falologocentrista y patriarcal, educativamente expulsades por una realidad social de desamparo brutal que les lleva a ubicar el mercado de la prostitución, trabajos de servicios precarizados o simplemente recurrir a los colectivos sociales para sobrevivir a su situacion de extrema vulnerabilidad.

Las transiciones hormonales, que tienen por objetivo ratificar el derecho a la identidad, no están aseguradas; sin mencionar siquiera la salud mental, totalmente precarizada.

A todo esto se le suma esta nueva ola de conservadurismo, discursos de odio y auge de la ultra derecha, que violenta constantemente el derecho a la vida de toda la comunidad LGBTIQ AA+.

Todos estos factores nos hacen pensar ¿cómo reivindicar nuestros derechos y los de toda la comunidad LGBTIQ AA+ en este mes de la diversidad? 

La libertad se reivindica con lucha activa en los procesos; hoy es necesario que se oiga la voz de las divesidades sexogenéricas, de les trans, les travxs, los gays y las lesbianas, las diferentes identidades étnicas, las deferentes disidencias con la hegemonia cultural cis hetero patriarcal blanca; debemos garantizar los derechos y trabajar en reparar el epistemicidio para con la cutura afro e indégena; el conocimiento debe dejar de ser para una clase acomodada, al igual que la salud, la vivienda y el trabajo como versa en nuestra constitucion.

Forjar una sociedad mejor requiere reconocer de desarmar todo el sistema opresor, desde el colonialismo, hasta el patriarcado, pasando por el status quo capitalista, y construir un mundo donde todes podamos ser independientemente de que seamos.

El mundo esta para transformarlo: desde abajo, con consciencia social, feminista, interseccional y revolucionaria.

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