Tras 5 años de gobierno de derecha el Frente Amplio retomó el ejecutivo de nuestro país generándose muchas expectativas tanto dentro como fuera de la fuerza política. Para los partidos de la oposición comenzaba una etapa que los encontraría sin entender por qué habían perdido las elecciones tras haber llevado adelante, a lo que a su entender fue, “el mejor gobierno del siglo” y planificando su papel en el parlamento mientras procesaba la autocrítica; el novel oficialismo orgulloso de “volver” presentaba más de 60 medidas a concretar en el corto plazo.
Transcurrió el primer año de la nueva administración y las “sensaciones térmicas” son variadas. Desde el punto de vista de la militancia frenteamplista la opinión es que el gobierno ha hecho poco en estos 10 meses, se esperaba acciones más contundentes que mostraran una postura de izquierda más afín con las tradiciones del FA o, en su defecto, lo acercaran a los 2 primeros gobiernos de nuestra fuerza política.
La oposición encontró dificultades para mantener la Coalición Republicana tras los resultados electorales que debilitaron a uno de los socios más importantes del período pasado ya que Cabildo Abierto solo quedó con 2 diputados que, al finalizar las elecciones, dejaron claro que su participación en la Coalición sería puntual. Esta postura del sector liderado por Guido Manini Ríos dejó sin posibilidades de bloquear las iniciativas del gobierno en la Cámara de Diputados, donde la oposición tiene la mayoría, por lo que la estrategia apuntó a un discurso duro y por momentos violento y a la utilización del instrumento de la interpelación; en 10 meses se llevaron a cabo 5 interpelaciones a diferentes ministros y no se descarta que durante el receso parlamentario la Comisión Permanente no haga algún nuevo llamado a sala.
Es necesario considerar ambas situaciones: el papel de la oposición y la exigencia de los militantes a la hora de evaluar las acciones del gobierno del Frente Amplio, más si tenemos en cuenta que este año la discusión principal a nivel parlamentario se centró en la ley de presupuesto, la que se logró aprobar con un porcentaje altísimo de legisladores: 82 en diputados donde el Frente Amplio solo cuenta con 48. Podemos concluir que fue una victoria para el gobierno y un problema para la Coalición, pero también se podría reflejar en ese triunfo que no habrá más excusas para no llevar adelante el programa de gobierno con el que el Frente Amplio se presentó a las elecciones nacionales.
Correspondería preguntarse entonces si en estos meses lo real es lo que percibe la gente, o si hubo acciones desde el Ejecutivo que marcaran diferencias con la anterior administración y no dejarse llevar por el discurso, fundamentalmente, del Partido Nacional. Primero debemos señalar que el gobierno de Lacalle Pou generó una mayor desigualdad en nuestra población, aumentó el déficit fiscal llevándolo al más alto de las últimas décadas y varios contratos con adjudicaciones, como por ejemplo el caso Cardama y el plan Neptuno firmados a pocos días de entregar el mando, que comprometieron al nuevo gobierno; es a partir de esta realidad que se debe valorar la suficiencia de las medidas.
Anteriormente hacíamos referencia al presupuesto nacional y la importancia de su aprobación ya que en él se adjudican fondos para comenzar a mejorar las condiciones de nuestras infancias, el fortalecimiento de las becas en enseñanza secundaria y la duplicación de comedores en enseñanza media; también se aspira a mejorar el acceso a la vivienda para sectores vulnerables duplicando la asignación de fondos en relación a los que destinaba el anterior gobierno. Hay que sumar a estas acciones concretas otras que el paso del tiempo dirá si fueron efectivas o meramente declarativas, como lo son el Diálogo por la Seguridad Social, el Plan Nacional de Seguridad y una Estrategia Nacional de Desarrollo entre otros temas.
Otro ítem a considerar es la negociación colectiva, tanto del sector público como del privado, donde la política económica definida por el gobierno marcará el futuro de los ingresos y las condiciones de trabajo de miles de trabajadores de todo el país, donde a través de los Consejos de Salarios se defienden conquistas y derechos y se intentan incorporar nuevos que permitan avanzar en mejoras sustanciales a la clase. Antes de comenzar las negociaciones mucho se habló de la desindexación salarial, sea esta por IPC o por crecimiento, y a la luz de los lineamientos firmados habrá que esperar si la misma se concreta o si el poder adquisitivo de los trabajadores se mantiene o, lo deseable, logra crecer en el quinquenio.
Hasta aquí señalamos algunos aspectos que nos parecieron los más importantes y sin duda habrá otros, o quizás haya quien piense que hay que resaltar más o diferentes; lo que intentamos es reflexionar con los militantes frenteamplistas sobre la sensación de inercia del gobierno de Yamandú Orsi o, lo que a nuestro entender provocaría un mayor desencanto, de continuismo con el gobierno de derecha encabezado por Lacalle Pou. Nuestro Partido no comparte ninguna de las 2 visiones: ni continuismo ni inercia, pero tampoco conformidad con la propuesta política. Ya no solo con la del gobierno sino también con la del Frente Amplio, por lo cual la discusión no pasa solo por las medidas tomadas o por la gestión realizada sino por la vigencia de un proyecto político de izquierda. Esa construcción pasa, entre otras cosas, por cuidarnos de uno de los pilares del capitalismo, que es la corrupción, tanto estructural como cultural. Todos y todas estamos contestes de que han habido indicios de este fenómeno tanto en la fuerza política como en el campo popular. La ética política en la izquierda es sustancial para consolidar un proyecto emancipador.
Estamos dispuestos a abrir un nuevo debate en próximos artículos compartiendo opiniones nuestras y/o de todos aquellos que quieran aportar elementos que nos permitan avanzar en la construcción de un proyecto político de izquierda, en la construcción de una democracia socialista.
