Dayana Pérez Fornelli
Todos los 8 de marzo recordamos la lucha histórica que se ha llevado adelante por la liberación y emancipación de las mujeres. Cada lucha ha tenido en su haber reclamos sensatos, reclamos urgentes, reclamos inherentes a nuestra libertad de expresión, de elección y de vida. Por eso, cada 8 de marzo elegimos recordar tanto el principal hito que llevó a que este día sea un día de conmemoración, como todas las luchas por las que han pasado nuestras antecesoras, para poder ser mujeres libres en un sistema machista y patriarcal.
Si bien nuestros reclamos a lo largo de la historia han tenido resultados, sobre todo en la consagración de derechos y de algunas libertades eximidas de sanciones punitivas, la materialización de estos reclamos sigue lejos de la realidad de miles de niñas, adolescentes, mujeres y disidencias. Seguimos siendo quienes menos acceden a cargos de poder y decisión, quienes menos acceden a la educación, quienes nos encargamos de las tareas del hogar y de los cuidados, las menos remuneradas, y seguimos siendo las más juzgadas por las mismas acciones que tienen los hombres. Nuestra lucha nos ha liberado parcialmente, pero seguimos lejos de la emancipación completa.
Miles de niñas, adolescentes, mujeres y disidencias siguen estando desprotegidas ante la explotación sistémica a las que nos expone el patriarcado, siguen sin acceder a una salud sexual y reproductiva sana, sin acceder a los mismos niveles educativos que el resto de la sociedad, siguen sin poder elegir vivir como mujeres plenas en una sociedad que las respete como tal. Y muchas de nosotras, las que tenemos ciertos privilegios, damos debates tan super estructurales y de una cotidianeidad lejana a la del resto de niñas, adolescentes, mujeres y disidencias. Al punto que olvidamos que para poder lograr una sociedad sin opresión debemos tener los mismos niveles educativos, laborales, de acceso a nuestros derechos – en definitiva poder alcanzar las mismas posibilidades materiales – para una emancipación real y tangible, que realmente nos haga libres.
Los últimos eventos masivos que han marcado las sociedades en cuanto a la lucha de las mujeres – pero no solo – han sido encabezados por mujeres jóvenes, por mujeres con menor poder adquisitivo, por mujeres con menor nivel educativo – por sus propias culturas -, por mujeres con menos libertades.
Es por eso y porque es sustancial comprender las nuevas formas de manifestación y lucha, que debemos entender que la lucha ya no solo está en los libros y los fundamentos teóricos, sino que está en la calle siguiendo los pasos de esas miles de mujeres que han demostrado que existen otras formas de luchar y organizarse, que hay formas pragmáticas que nos acercan a todas un poco más entre nosotras y en la posibilidad de acceder a los mismos derechos.
No hay que dejar de discutir sobre los feminismos, ni de formarse, ni de generar nuevas herramientas teóricas, pero sí debemos dejar de vernos el ombligo privilegiado y empezar a luchar par a par con aquellas que hoy sienten y viven – aún – la opresión mezquina del sistema patriarcal en carne propia.
Este 8 de marzo, como cada 8 de marzo, llenaremos las calles para no olvidar el pasado, pero también – y, sobre todo – para seguir luchando por nuestra liberación.





