Pablo Cabrera
Cada último viernes de septiembre desde hace ya muchos años -2003 más precisamente- se realiza la marcha de la diversidad en nuestro país.
Comenzó tímidamente como un movimiento que reivindicaba los derechos sexuales de un colectivo altamente discriminado como el LGTB, y expresamente colocamos esta sigla tal cual se identificaba en ese momento, ya que los tiempos sumaron identidades haciendo el espectro más amplio, comprendiendo otras formas de identidades sexuales.
Luego se fueron sumando otras luchas, derechos sexuales y reproductivos (previo a la ley que generaba el derecho a la libre elección de la interrupción voluntaria del embarazo), las discriminaciones raciales y, de acuerdo con los tiempos políticos, reclamos concretos como la ley trans.
Hoy estamos frente a un nuevo tiempo, casi podríamos decir a las puertas de egreso de la pandemia, aunque la misma no pudo contener y menguar el espíritu de lucha y movilización, por lo que en el año pasado pudimos llenarnos de una fuerza desbordante que generó la marcha y sus contenidos, y a contramano de lo planteado por diversos actores políticos, no hubo impacto de una posible trasmisión del virus a causa de la gran cantidad de personas que se movilizaron, a lo largo y ancho del país.
Nuestra mirada hacia el ayer, nos sitúa en el Nueva York del 69, la primer inspiración de luchar como colectivo, de responder ante tanta discriminación, ante tanta persecución, tanto maltrato.
A quienes arrestaban podían no solo terminar en la cárcel, sino con tratamientos o lobotomía para exorcizar esos demonios; periódicos publicaban los nombres de los arrestados y hasta publicaban su dirección para que la comunidad los atacara, tal es así que “CAZAR MARICONES” era deporte nacional en Estados Unidos.
Los grandes marginados fueron quienes tuvieron la fuerza y el empuje junto con la valentía para enfrentar y combatir; en suma, para crear un cambio social definitivo.
Esto nos lleva a mirar en retrospectiva las innumerables veces en que las personas se han levantado colectivamente en contra de la opresión, y ha sido fundamental el lograr la identidad de sí y de su colectivo, el entender qué motiva esa movilización y el porqué de dejar todo de sí para avanzar en esos objetivos comunes.
Cuando hablamos de construir identidades desde el género, desde la elección sexual, debemos empezar, para así luego poder profundizar en los caminos posibles a seguir para la transformación real, en la primer gran autocrítica que se debe visualizar desde todos los tiempos de lucha: el mundo era cruel con los gay, pero también los gay eran crueles entre sí, y esto no era frivolidad, era supervivencia.
Esto nos lleva analizar dentro del verdadero contexto en el que se vivía y se vive, el del sistema en el que estamos siendo parte, del sistema que nos condiciona, de este sistema material y capitalista que todo define en base a intereses, principalmente del carácter económico y de manejo de poder que hace que no se pueda visualizar con total claridad la dimensión del porqué se está luchando ni de los alcances de lo conquistado.
Ejemplos como lo es la ley de matrimonio igualitario, donde se logra un avance sustancial con respecto a la construcción de derechos, pero que de igual manera seguimos utilizando los mismos conceptos y formas planteados por la religión, apegándose a las formas y hasta el nombre, matrimonio.
No pudimos como colectivo entender en profundidad ni trasladar la verdadera necesidad, que era simplemente el reconocimiento de las uniones de las personas del mismo sexo, que se igualara el tratamiento jurídico con respecto a las relaciones y lo fundamental de que la sociedad a la cual se la regula tomara en las mismas condiciones las diversas formas que las personas han tomado para definirse como vinculadas.
Las leyes que han generado cupos en los ingresos para el mundo del trabajo, donde podemos hablar por género, raza, capacidades diferentes, que entendemos como avances en la generación de espacios y dar luz en un lugar que se encontraba tan invisibilizado como eran las posibilidades de ingreso, pero que en definitiva no existe una verdadera compresión de un derecho fundamental como lo es el del trabajo, y que debería estar garantizado para cada persona que reclame por él.
El Estado como garante tiene un rol fundamental en este sentido y no ha tenido la capacidad de desarrollar políticas claras para avanzar no más allá de lo puramente teórico de la ley. Algunas excepciones las logramos ver en empresas que ante la nueva imagen de responsabilidad empresarial social, invierten algunas pocas ganancias en demostrar que actúan de acuerdo a los nuevos preceptos pero sin realmente incorporar en profundidad los mismos, definiendo estos como condiciones básicas de trabajo donde el ambiente laboral y el espacio físico sean los realmente convenientes.
En el mundo de la salud pública, es un gran capítulo aparte donde debemos enfrentar dos grandes conceptos, uno la generación de las política públicas, promotoras y reguladoras del verdadero derecho de salud de calidad para todas las personas y el otro, los prestadores, definidos por el Sistema Nacional integrado de Salud, como los verdaderos actores en la construcción de las prestaciones necesarias en igualdad de condiciones, no medidas por los fines del lucro.
Sigue siendo complejo el abordaje y seguimiento para aquellas personas que logrando afirmar una identidad necesitan del sistema sanitario para poder lograr su transformación, ya que los costos son muy altos y el sistema no tiene definido dentro de su canasta de prestaciones, algunos de estos servicios. De igual manera que lo son los servicios de salud mental, que en estos estamos transitando un gran problema nacional, que no es solo para esta temática en particular, sino que lo es en general, pero vale hacer mención dentro de las necesidades no resueltas para un colectivo importante dentro de la diversidad sexual.
Intentando ser concretos, analizar la situación de los colectivos identificados con las luchas desde la diversidad sexual, no se eximen de los problemas, las dificultades y obstáculos que también atraviesan otros colectivos, ya que como decíamos al principio lo fundamental es entender que la opresión del sistema hace que se expresen con mayor claridad las dificultades, pero así también las oportunidades.
Se necesitan liderazgos claros, mensajes con profundidad y entender que la verdadera necesidad comienza con la profundización de la conciencia, del carácter individual y colectivo, el respeto pregonado, debe ser interiorizado al punto de aceptar que la construcción de la identidad comienza con la aceptación de quien uno es, y de esta manera verse reflejado en sus pares, eliminar la barrera de la discriminación interna y entender que el verdadero enemigo esta fuera, que tiene un nombre y es la sociedad capitalista, discriminadora y regresiva en la que vivimos.
Tenemos conceptos claros, la necesidad de transformar esta sociedad por una donde la igualdad de derechos sea una realidad, donde desterremos definitivamente toda clase de discriminación, de represión y violencia. Para esto son necesarias políticas muy claras con respecto a la educación, para la generación de seres libres, pensantes, con la capacidad de resolver su relación consigo mismo, con los demás y su entorno, seres que no abdiquen en favor de una moneda y lo peor de todo, que dejen de ser quienes son por un simple favor que solo los llevara a lo que hoy queremos desterrar: la esclavitud del ser y las cadenas de la opresión que nos atan al encierro.
La lucha de hoy, la de ayer y la de mañana, es por la verdadera libertad, por ser los dueños de nuestro propio destino.


