Carestía e inflación: un 1 de mayo de movilización

Proletarios, obreros, empleados, recursos humanos, capital humano… Estas son algunas de las distintas nomenclaturas utilizadas a lo largo de la historia para identificar a la clase trabajadora. Sin embargo, lo que no ha cambiado es su método de supervivencia: vive de su salario.

De cara a un nuevo 1 de Mayo se hace necesario un breve repaso de la actual coyuntura del salario en nuestro país,  teniendo en cuenta que no solo será un aspecto medular en la consigna y oratoria del acto central de nuestro PIT–CNT, sino que también es consecuencia de los anuncios hechos por el poder ejecutivo el pasado lunes 18.

Desde que asumió el gobierno de derecha del herrerista Luis Lacalle Pou, en alianza con otros partidos también de derecha, la caída del salario real de los trabajadores fue una constante. Sin lugar a dudas la pandemia desatada a nivel mundial por el covid – 19 fue el escudo que amparó los ataques del Ejecutivo a los trabajadores, los que se manifestaron no solo en la rebaja salarial sino también en persecuciones sindicales en diferentes ámbitos, siendo el sector público el más afectado, particularmente en la enseñanza y en Ancap.

La caída de la economía como consecuencia de la pandemia trajo aparejado un aumento de desempleo, por encima del 10%, y de la pobreza ya que 100.000 uruguayos cayeron del efímero sueño de pertenecer a la “clase media” a ser pobres; en este marco se comenzó a discutir la 8va ronda de Consejos de Salarios. La alternativa propuesta por el Poder Ejecutivo de un período “puente” con un exiguo ajuste de 3% trajo, como consecuencia una pérdida salarial promedio de un 4.2% para el sector privado y en el sector público cercana al 5%.; llevado a números en un salario promedio de $ 25.000 se pierden entre $ 1.000 o $1.250 mensuales.

UN FACTOR DESESTABILIZADOR: LA INFLACIÓN.

Las propuestas del Poder Ejecutivo para la 9na ronda de Consejos de Salarios solo fueron una manifestación voluntarista en cuanto a números inflacionarios que creían poder manejar, lo que dejó un horizonte muy lejano la recuperación, aunque fuera en el correr del período 2022 – 2024, de lo perdido en el 2020; solo en el caso de aquellos convenios colectivos del sector privado que acordaron recuperarlo se puede hablar de mantenimiento del salario real.

En el trimestre enero – marzo 2022 la inflación acumulada es de un 4.42% según los datos manejados por el INE, mientras el ejecutivo en sus pautas salariales de la 9na ronda manejaba para el semestre enero – junio 2022 un 3.7 y otorgó un 3.5% por lo que ya se está perdiendo poder adquisitivo. Tantos los trabajadores del sector público como del privado comenzarán a sentir con más énfasis la caída del salario real a partir del segundo semestre del año, ya que si este escenario se mantiene el año podría cerrar en el entorno del 10%  de inflación, (ya sea tomando julio 2021-junio 2022 o enero 2022- diciembre 2022), por lo que los salarios seguirán perdiendo poder de compra al acumular una caída acumulada de entre un 8 – 9%, como consecuencia de lo perdido y no recuperado del año 2020 más la inflación anualizada. Para graficar lo perdido tomemos nuevamente el ejemplo de un salario de $25.000: son entre $2.000 – $2.250 mensuales que se pierden: un mes de trabajo gratis en el año.

En este contexto el presidente y los ministros de trabajo y economía conjuntamente con el director de la OPP, anunciaron un ajuste para el sector público de un 2%, mientras que al sector privado le “sugiere” adelantar el correctivo previsto para julio del 2023 en el entendido que de mantenerse la escalada inflacionaria se puede llegar a un número difícil de afrontar para las patronales ya que podría rondar el 10% de ajuste. Es evidente que en esta coyuntura la recuperación de lo perdido en 2020 tanto para los trabajadores del sector público como del privado seguirá durmiendo “el sueño de los justos”…

Hay un cierto grado de oportunismo en los anuncios ya que pueden verse como una respuesta a los reclamos de algunos socios de la coalición de gobierno que empiezan a marcar posturas de cara al 2024;  la cercanía de un nuevo 1 de mayo  y  la acumulación de casi un millón  de votos por el SÍ en el pasado referéndum del 27 de marzo que son una expresión de descontento con el gobierno de derecha de Lacalle pueden haber llevado a pensar que generarían tranquilidad y desestimularían la protesta. Las medidas anunciadas son tan tardías como insuficientes ante una inflación que no cede y  que está destruyendo el poder adquisitivo de los trabajadores y, en consecuencia, el mercado interno. No hay ninguna propuesta del gobierno que ataque la suba de precios a fondo, nada se dice de los oligopolios formadores de precios como son los importadores, las grandes superficies, la industria frigorífica, los molinos de granos y otros tantos actores que vuelcan los precios internacionales al mercado interno o que, lisa y llanamente, marcan un margen de ganancia desproporcionado. 

Pero además hay otras carencias e insuficiencias y es en lo que tiene que ver con el salario mínimo nacional, las pasividades y las faltas de soluciones para aquellos trabajadores cuentapropistas e informales que no acceden a ningún ámbito de negociación. El anuncio de un 3 % para los pasivos no refleja la caída que han sufrido en el poder de compra, como consecuencia directa de la caída de los salarios ya que su forma de ajuste es el índice medio de salarios.

LA CONMEMORACIÓN

A falta de datos más recientes sobre el consumo de los hogares tomaremos los disponibles, que son los del 2021. Allí encontramos que si lo comparamos con 2019, año previo a la pandemia, hay una caída de un 4.7%, lo que acompaña el promedio de la caída salarial entre los sectores públicos y privados. 

Pero hay otro dato importante a tener en cuenta y es la relación entre masa salarial y PBI. La masa salarial es el total de ingresos con los que se quedan el conjunto de los asalariados de la economía. En el año 2021 el producto bruto interno creció en el entorno del 4.5 % lo que indica un crecimiento de la economía uruguaya, pero la masa salarial cayó casi un 4%. Esta caída indica que el tan anunciado efecto derrame que marca el gobierno no es tal, ya sea porque cayó el empleo y el salario o porque los trabajos que se crearon, como ejemplo podemos tomar los jornales solidarios que representan un 1% de la baja en la desocupación, son de muy bajo nivel de ingresos. 

De lo anterior se desprende que la crisis provocada por la pandemia la pagaron todos los trabajadores, formales e informales, y que los ajustes de las cuentas públicas para reducir el déficit fiscal también fueron hechos en base a quedarse con buena parte de los ingresos de pasivos y activos. El ajuste del capital sobre el trabajo está más que a la vista.

Es por ello que el próximo 1 de mayo no debe ser una conmemoración más: independientemente de lo acertado o no de las consignas, debe ser un día de movilización masiva que demuestre el descontento con un gobierno de derecha que ajusta contra los trabajadores. La acumulación popular generada a partir de la recolección de firmas y concretada en las urnas el pasado 27 de marzo debe ser el inicio de acciones más amplias, que permitan movilizar y denunciar el ajuste en todos los rincones de nuestro país, que generen rebeldía contra la carestía y contra la pobreza que cada vez afecta a más personas, fundamentalmente a niños y jóvenes de entre 0 y 17 años. Que los trabajadores se rebelen contra el capital.

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