Asistimos al apogeo del gobierno de Lacalle Pou, luego de su ajustada victoria en el referéndum de la LUC, real programa mínimo de la coalición «multicolor»: serie de contrarreformas reaccionarias, represivas y neoliberales; ninguna novedad por otra parte, confirmando lo dicho por el Frente Amplio en la campaña electoral del 2019.
Es en ese marco dónde los resultados de un gobierno de los ricos para los ricos, insensible a las necesidades sociales y enfocado en defender cada peso para el capital, sin capacidad de cumplir ninguna promesa hecha para favorecer a las clases populares ni de parar de incumplir las promesas hechas de «no volver atrás» con «lo bueno» comienza a desnudarse, a mostrar su verdadera esencia. Esto se manifiesta en la Rendición de Cuentas propuesta, en las últimas leyes que han intentado imponer, las dificultades de su alianza para acordar y en los proyectos, donde la reforma a la Seguridad Social es el principal de ellos. En definitiva, se manifiesta en la intentona de superar esas limitaciones «huyendo hacia adelante»: ante la caída de popularidad y apoyo, aceleran la aplicación de su programa mientras puedan.
Asimismo la sociedad continúa su franco deterioro: picos de inflación, sobre todo en las tarifas y los consumos populares, continuación del desempleo abierto o los subempleos miserables que no alcanzan ni para el ómnibus como los Jornales Solidarios -la pregunta sería ¿por qué lo apoyan los Intendentes del Frente Amplio?-, nulos intentos por «empatar» la pérdida salarial acumulada, amplios sectores con hambre, recortes en todos los programas sociales estatales y, por supuesto, aumento de la violencia horizontal, social y del Estado también.
Mientras los «malla oro» acumulan ganancias históricas y el Presidente -muy bien asesorado por los infames cuadros del marketing- visita la sede del Frente Amplio con la contrarreforma de las Jubilaciones, la izquierda se debate, a pesar de las justas y necesarias luchas, entre la inacción (y la vana esperanza de que el próximo gobierno le «caiga» en las manos por efecto del sólo desastre de este) y la feroz constatación de que, sin acumulación de conciencias y programas que a su vez provienen de las luchas, las movilizaciones y las alianzas generadas por los trabajadores y el pueblo, es muy difícil asegurar triunfos electorales que paren tantas infamias.
«Aprovechar!!» sería la consigna de este partido del orden y del capital que es la coalición. Porque su programa es el ajuste y el recorte, se ahorrarán nada menos que 205 millones de dólares en salarios en el Estado, mediante rebaja salarial, y las no contrataciones y las desvinculaciones. La no ejecución de dineros de programas sociales, su cierre (Socat es un ejemplo más, que resulta gravísimo) o su «reordenamiento» (Sistema de Cuidados casi liquidado) es lo que cunde. Hay dinero para la desastrosa «Transformación Educativa», un programa de desguace de proyectos probados como buenos, recorte de recursos y docentes, todo en la Educación Pública, absolutamente de espaldas a todos los actores cotidianos de la misma y para pagar a «técnicos» que lo implementarán, algo largamente probado cómo imposible y destructivo.
En esta rendición de cuentas, el presupuesto asignado a la Universidad de la República fue congelado por este gobierno, es decir, es exactamente el mismo que el año anterior siendo que el aumento de la matrícula es de 5000 a 6000 estudiantes por año. Esto demuestra una vez más la incoherencia del gobierno al dar un golpe tan duro a la UdelaR, la Agencia Nacional de Investigación e Innovación y el Hospital de Clínicas que depende de la UdelaR, luego de llenarse la boca de agradecimientos durante dos años de pandemia en los que la ciencia y la tecnología resultaron claves para afrontarla.
En materia de la tan anunciada transformación educativa, nos encontramos con una propuesta de reforma curricular que añade cambios «innovadores» según las autoridades. Siempre debemos desconfiar del término «innovación» en esta materia, pues tras el uso del mismo se esconde la voluntad de desconocer las acumulaciones de las experiencias y procesos que se venían desarrollando previamente, con sus errores y aciertos. Aún si admitieramos como novedoso el enfoque basado en el desarrollo de competencias propuesto por este gobierno, no es para nada novedosa la concepción tecnicista y mecánica con el que fue construido, creyendo que es posible «transformar» la educación de un país quitando y añadiendo ingredientes como si se tratase de una receta de cocina, sin diálogo con quienes «hacen escuela» día a día. Por el contrario, lo que tenemos es un modelo importado como lo es el STEAHM, estructurado en torno a las demandas de un mercado laboral que, como ya nos adelantan, será impredecible y cambiante; al parecer lo innovador es preparar a los jóvenes para el trabajo precario y condiciones de vida poco dignas.
Por eso una vez más, como todos los 14 de agosto los y las estudiantes estaremos conmemorando a nuestros y nuestras mártires, movilizandonos en defensa de la educación pública, frente a los recortes, la falta de presupuesto y la transformación de corte tecnicista y gerencialista, que pone el centro en el mercado y no en la formación de seres plenos y pensantes.
Al mismo tiempo se verifican innumerables recortes a la inversión estatal, cuando se constata un bajo nivel de inversiones en la economía en general, sosteniendo ferozmente sus dogmas de «bajar el déficit» debido a «la inflación» -que continúa al galope- y «abrirse al mundo» mientras «el mundo» se «cierra» en un sálvese quién pueda en la cual las clases dominantes sólo tienen cómo perspectiva de mejora a la guerra y sus «inversiones». Tal vez por acá se empiezan a ver las grietas y las contradicciones de una competencia dentro del gobierno de coalición, en temas como la Ley de Medios, la ley de regulación de la Marihuana, el INDDHH, etc. De cualquier manera los «une el espanto» de la defensa de los represores, del «aumento» a la Policía, del odio de clase a los trabajadores más pobres, a los derechos de las mujeres (Ley de humillación a las mujeres y les niñes, de «Tenencia compartida»). La Regla Fiscal incluída en la LUC y que aplican es la que estrangula la capacidad de pensar el Estado como un mínimo redistribuidor de las enormes ganancias de los cada vez más concentrados y ricos «malla oro». Crecimiento y exclusión manejado por un Comité de Expertos anticonstitucional.
Finalmente el proyecto de Reforma de la Seguridad Social, o sea de las jubilaciones y pensiones, aparece ahora como la próxima tormenta arrasadora de derechos adquiridos y para el futuro. Aquí sólo diremos dos conceptos básicos para pensar el eje de la política junto a la lucha que se avecina y que acompañaremos, manifestando desde ya nuestra oposición a la misma. Ningún aumento de la edad jubilatoria: rebaja de la jornada laboral para vivir mejor y repartir el empleo. La Seguridad Social debe ser entendida como la obligación principal que un Estado debería tener con el conjunto de la población durante toda la vida garantizando la alimentación, la salud, la educación y la vivienda para todes. Nada de eso propone esta reforma del gobierno: su preocupación pasa por «financiar» lo que existe (que cuanto menos sea, mejor). Y segundo, ni se habla de financiar la misma con los necesarios impuestos a las ganancias extraordinarias producto de, por ejemplo, una guerra, de control de los capitales «golondrinas» y fugados en paraísos fiscales, de aumento de impuestos a las ganancias, a las herencias y a la especulación inmobiliaria, de terminar con los chorros de renuncias fiscales para las grandes empresas y exoneraciones impositivas también para las mismas.
Finalmente, «..lo que si todas y todos sabemos es que cuanto más lucha, organización y unidad de los y las de abajo conseguimos que haya menos desigualdad y pobreza. Este es el camino».

