Mauricio Galván (desde Barcelona)
La comparecencia en el senado el 30 de marzo por parte de Pedro Sánchez para tratar, entre otros temas, el conflicto Frente polisario-Marruecos logró lo que hace años no pasaba en la política española: la unanimidad de opinión ante tan nefasta decisión de agrupaciones tan dispares como Vox y Bildu.
Si bien el proceso de derechización del PSOE venía medianamente frenado (en gran parte por el acuerdo de gobierno en coalición con Unidas Podemos) la reciente transición geopolítica ha permitido salir del closet a un partido que, de la mano de Sánchez, no hace más que traicionar día tras día la S y la O de su sigla.
Aunque es más que notorio que los antecedentes recientes (mesa de negociación fallida en el conflicto España-Cataluña y la postura en el conflicto Rusia-Ucrania) dejaron en evidencia el poco afán pacifista del partido, el flamante e histórico abandono a una de las causas históricas de la izquierda española, dejan claro el subjetivo interés que tiene el partido de gobierno por los derechos humanos (por una parte, envío de armas a Ucrania para defender su autonomía vs el abandono del pueblo saharaui).
A pesar de que es de destacar que hace años ningún gobierno español tomó alguna medida proactiva en el conflicto Marruecos-Frente Polisario, la aceptación de la propuesta marroquí que implica la autonomía del Sahara occidental, es otro nivel. Rompe con toda esperanza de que el conflicto se resuelva por la vía democrática como reza lo acordado por el consejo de seguridad de la ONU en el 91.
De todo este entuerto solo resta esperar la respuesta de los principales implicados. Marruecos sale notoriamente fortalecido con el espaldarazo recibido por España, acción solamente comparable con el apoyo recibido por la administración Trump.
Por otro lado, Argelia, ya se mostró en desacuerdo con lo que consideró “una traición” por parte de España. El no haber consultado a Alger la decisión tomada genera malestar, pero la dependencia que tiene este gobierno por la venta de gas a España (su segundo mayor comprador solo por detrás de Italia) hacen dudar que este vínculo comercial se vea afectado por la decisión. España y su gobierno de coalición salen una vez más mal parados. Yolanda Diaz ya tuvo que lidiar con el incómodo equilibrio de la gobernabilidad y la denuncia del envío de armas al gobierno ucraniano. El conflicto del Sahara es otro choque más que se da días después. A este ritmo cabe preguntarse cuánto tiempo la mediación de la vicepresidenta alcanzará.
Y, por último, siempre, por último, está el pueblo saharaui, quien estoicamente resiste uno de los últimos embates del viejo colonialismo y la más cruel y cínica expresión del capitalismo.
