Coordinación Nacional Democracia Socialista – Partido de los Trabajadores (Brasil)
“La izquierda y la lucha democrática en Brasil nos permite ubicar como objetivo conjunto derrotar, además de a la extrema derecha, al programa neoliberal. Esa doble victoria debe abrir un escenario de posibilidades de transformaciones aún inéditas en Brasil, un proceso de revolución democrática. Esa perspectiva nos remite al debate del programa -que no es nada más que la de la comprensión de las posibilidades y de las tareas para alcanzarlas- para el período histórico. El sentido general de ese programa debe ser sintetizado en la tríada elegir Lula, construir la alternativa al capitalismo liberal, colocar en marcha el proceso de radicalización de la democracia”. (XIII Conferencia de Democracia Socialista, diciembre de 2021).
La gran disputa política en curso confirma y actualiza la polarización histórica existente en la sociedad histórica desde el fin de la dictadura militar. Transformar esa polarización política en polarización social/electoral –y necesariamente programática- es el gran desafío posible de alcanzar. La vieja cuestión de la emancipación política de las mayorías sociales se actualiza, aunque no sea más que en sus primeros pasos… Más que una aritmética electoral simplista, la conquista de la mayoría por un proyecto a su favor y buscando en ella participación y protagonismo es uno de los problemas centrales e históricos del socialismo democrático.
Si las clases trabajadoras constituyen el eje central de la base social en lucha contra el bolsonarismo y el programa neoliberal, las mujeres y los negros constituyen, como mayoría de las clases trabajadoras, sujetos centrales del programa y de las movilizaciones. Un programa clasista en defensa de las clases trabajadores, de los pobres debe estar también centrado en el feminismo y en la superación del racismo.
A apenas 4 meses de la elección los movimientos apuntan hacia una polarización con movilización y con contraposición de agendas programáticas. Los actos iniciales de Lula fueron fuertes, de reencuentro con la militancia y encuentro de nuevos sujetos sociales con destaque para la juventud y las mujeres. Y con propuestas más claras y concentradas en el combate a la economía neoliberal y al jefe de la extrema derecha.
La ejecución del programa neoliberal radical en los últimos años resultó en una catástrofe económica y social sin precedentes en el Brasil. Además de miseria, desempleo, recesión el Gobierno Bolsonaro trajo concomitantemente una inflación en niveles trágicos, en especial para la población de menor renta.
El neoliberalismo salvaje deteriora las condiciones de empleo y torna las relaciones de trabajo preponderantemente desreguladas y/o informales, en un ambiente de desempleo elevado. La renta de parte expresiva de la población se vuelve precaria y cae debajo del nivel de subsistencia. Los cuidados son aún más precarizados. La desesperación crece y el debilitamiento de la lucha sindical y de los trabajadores crea condiciones ideales para aventuras de extrema derecha o mismo fascistas.
Momentos como ese exigen nitidez política y programática del PT y la izquierda. Una eventual tentativa de conciliación con el neoliberalismo y la especulación financiera puede llevar a una gran derrota, pues crea una confusión aún mayor en un ambiente contaminado y tumultuoso. Si existe alguna chance para la candidatura del actual gobierno, solo puede ocurrir en un ambiente de confusión en el que nuestro programa se quede relativizado por una tentativa de aproximación con los sectores beneficiados con la especulación financiera y con el deteriorización neoliberal. Una eventual falta de posición o de claridad puede permitir al actual gobierno posar de anti sistema, cuando él mismo es el sistema.
Un ejemplo de esa táctica de mentira explícita intentando volverse creíble con la confusión generalizada es oírnos, después de tres años y medio de gobierno, Bolsonaro culpar al Consejo de Administración de la Petrobrás por la política de precios absurda de los combustibles. Ahora, quién nombra el Consejo de la Petrobrás es el propio Bolsonaro. Pero intenta engañar a las personas de que no tiene ninguna responsabilidad por lo que él mismo decidió. En verdad, él es el primer responsable por el precio de la gasolina, del diesel y del gas de cocina. Bastaría una simple determinación para que los precios bajasen. Pero como el actual gobierno está comprometido con el lucro desenfrenados de los accionistas privados de la Petrobrás la política de precios es mantenida.
Nuestra victoria pasa necesariamente por la confrontación programática con el neoliberalismo del gobierno y por la afirmación de una plataforma a favor de la clase trabajadora, en defensa del crecimiento, del empleo y de la renta digna. Eso quiere decir un combate vigoroso a la especulación financiera, al techo de gastos, a la flexibilización laboral, a las privatizaciones, al Banco Central “Independiente” y a las demás facetas del neoliberalismo.
El Programa de la Federación Brasil de la Esperanza (PT, PCdoB y PV) permite esta confrontación. La revocación del techo de los gastos y de la reforma laboral, así como de las privatizaciones son ejemplos sobresalientes de una línea programática anti neoliberal. Es verdad que aún hay lagunas importantes, como es el caso de la inexistencia de un ítem programático sobre la necesaria revocación de la autonomía del Banco Central. Debemos mantener la tensión para que esa cuestión sea incorporada en el transcurso de la campaña.
Lo importante es que, incluso con lagunas, ese programa permite la presentación de propuestas objetivas para la recuperación del empleo y del salario digno para la clase trabajadora, hoy estrujada por los precios del supermercado, de los combustibles, de la energía eléctrica y que precisa enfrentar esos precios absurdos sin rentas y sin empleo.
La discusión sobre la política económica presentada de forma popular debe ser la principal pauta de la campaña. Comenzando por un audaz programa de Renta Mínima, mucho mayor y más amplio que los auxilios hoy pagos. Debemos presentar nuestro compromiso con empleo y con salarios dignos basados en el aumento real del salario mínimo. En resumen se trata de recorrer el camino de vuelta al crecimiento económico con la recuperación de la inversión pública y privada, así como la recuperación y expansión presupuestal en áreas como la salud, la educación, la cultura, la ciencia y la tecnología. La responsabilidad pública por los cuidados, la justicia ambiental y el enfrentamiento al racismo también debe ser parte de una nueva política económica.
Es en la discusión económica y en la firmeza en la que nos paremos en la lucha de clases, que recuperaremos la gran mayoría que ya tuvimos en la clase trabajadora. Las mentiras, el lava jato, el uso del aparataje de la religión y los errores cometidos, principalmente en 2015 y en el corto período del 2016 antes del golpe, hicieron con que nuestra entrada en el propio campo de los trabajadores haya sido un revés electoral importante, principalmente en 2018. A pesar de esto es importante recordar que mismo el mapa electoral de 2018 tiene perfecta correlación con los niveles de renta. Cuanto mayor la renta de la región más dificultades tuvimos. Y, sobre todo, es fundamental tener en cuenta que la disputa de 2018 sustentó la polarización social y electoral en Brasil. Fue la permanencia heroica de ese polo de izquierda que permitió que hoy la campaña Lula parta de ese nivel acumulado. Es interesante, además, ver que las intenciones de voto espontánea en Lula coinciden con la votación de Haddad* en la primera vuelta electoral; y cuando estimuladas, se aproximan al porcentaje que obtuvimos en la 2da. vuelta. Cabe aún hacer notar el papel más decisivo de las mujeres en la oposición a la extrema derecha.
El camino para la victoria pasa prioritariamente por un debate sobre el significado del neoliberalismo para las condiciones de vida y de empleo en el Brasil y la absoluta necesidad de superarlo, con la vuelta del crecimiento, de empleo, y del salario y la vida digna para los brasileros.
Hasta el momento los discursos del Presidente Lula, son, de manera general, positivas para ese camino. En varios momentos fue muy claro en la afirmación de la necesidad de la inversión pública y gasto social, con el consiguiente fin del techo de gastos, en la afirmación del empleo y el crecimiento y en el final mismo la reversión de las privatizaciones.
Como afirmó nuestra Plenario Nacional de abril de 2019, “separar la defensa de la democracia de la lucha contra las políticas de austeridad es corroer su base popular, su propio sentido”. Desde ahí sale nuestra concepción de defensa de la democracia. Se mueve con la construcción de la alternativa al neoliberalismo.
En ese sentido, derrotar al neoliberalismo es la primera batalla democrática. La postura autoritaria y militarista del actual gobierno, irrespetando permanentemente la legislación y amenazando en todo momento con un golpe y con la vuelta explícita de la dictadura militar precisa ser combatida con fuerza. Pero es necesario ir más allá de la simple defensa del Estado de Derecho.
La implantación de la democracia participativa precisa ser garantizada en la acción del futuro gobierno. El Presidente Lula ya se manifestó en defensa del presupuesto participativo, inclusive como oposición a la existencia del presupuesto secreto y de enmiendas parlamentarias que, verdaderamente son la institucionalización de la corrupción. Esta importante manifestación debe ser consolidada y garantizada.
La estabilidad de un gobierno Democrático/Popular depende mucho de la existencia de movilización y organización popular que sean un contrapunto a un Congreso que tiende a repetir el perfil de derecha y corrupto del actual. El presupuesto participativo es, por tanto, una propuesta necesaria para profundizar la democracia y también de contrapunto a un Congreso conservador y posiblemente hostil. Su construcción y viabilidad comienza ya.
Ese gran eje alrededor del combate a la economía neoliberal y al conservadurismo, en defensa de la democracia, permite organizar y construir en la propia campaña el programa que integre múltiples dimensiones necesarias, como la transición ambiental justa y el combate a la mercantilización de la naturaleza, la soberanía nacional y la defensa de un nuevo mundo posible, la economía popular y solidaria, la seguridad pública ciudadana, la igualdad y derechos de las mujeres, del pueblo negro, de las naciones indígenas, de los LGBTQIA, de la juventud. El Plan Nacional de Reconstrucción y Transformación, el programa de la Federación Brasil de la Esperanza (PCdoB, PV) y los puntos programáticos acordados con el PSOL son excelentes puntos de partida.
Esta campaña podrá aglutinar un frente político de masas, vivo y transformador fundamental para conquistar la victoria, tomar la pose y gobernar con el programa electo. En este proceso la construcción de los comités populares debe ser mucho más que una propaganda. Nuestras campañas deben estimular su organización. Debemos proponer a los frentes Brasil Popular y Pueblo sin Miedo que impulsen los comités populares. Ellos son una forma de organización popular posible y necesaria.
En la misma dirección, la disputa social del programa contra el neoliberalismo, la realización de Conferencias Populares Temáticas, como las que ya están en proceso de preparación deben ser fortalecidas.
Debemos reforzar una agenda de movilizaciones nacionales, construyendo la victoria sobre el neoliberalismo también en las calles y en las redes sociales.
Cuanto más amplia y enraizada sea la organización social de la campaña –los comités populares, la disputa del programa, la ocupación creciente de las calles-mayor será la posibilidad de conquistar una gran victoria contra el bolsonarismo y el neoliberalismo y cerrar espacios para una alternativa de golpe contra la democracia.
Mayo de 2022
*Candidato a Presidente por el PT en las elecciones de 2018, cuando Lula no podía.

