Editorial: ¿Hay una crisis en Uruguay?

No estamos de acuerdo en el discurso de algunos actores políticos que, desde su opinión, aseguran que Uruguay enfrenta una crisis de similares características a la del 2002. Por aquellos años la economía nacional, la de la región, pero en particular la de Argentina que por aquellos tiempos ocupaba los primeros lugares como destino de nuestras exportaciones, se desmoronaban como castillo de naipes, lo que trajo como consecuencia cierre de empresas, pérdida de puestos de trabajo y un aumento de la pobreza cercano al 15%. Sin dudas ese no es el escenario actual, para nosotros lo que hoy enfrentamos es un aumento sostenido y constante de la desigualdad.

Nuestra economía está pujante y dinámica. Los precios internacionales de los comodities así como los volúmenes de producción y exportación son la base de esta afirmación y algunas cifras son buenas para ilustrarla: si comparamos con el mismo período del año anterior la venta de carne bovina creció más del 50%, la de trigo un 60% y la de soja un 80%. En dinero si tomamos los mismos rubros u otros entre los meses de abril y junio de este año encontramos que se vendió carne bovina por valor de 650 millones de dólares, 200 millones de sub productos cárnicos y arroz y más de 167 millones en productos lácteos, cifras que se informan por el instituto Uruguay XXI. De esta situación se desprenden los anuncios del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), que espera un crecimiento del PBI de un 8.3% en comparación con el mismo trimestre del 2021 y proyecta un crecimiento anual para este 2022 de un 4.8%, por lo que después de la caída en el 2020 producto del Covid tendremos 2 años consecutivos de crecimiento, en el 2021 la economía creció un 4.4%, superando incluso los niveles pre pandemia. El Estado tiene altos ingresos producto de esas exportaciones.

Ahora esta actualidad de crecimiento estuvo precedida por un desplome coyuntural de la economía a nivel local y mundial, producto del “reajuste” capitalista a raíz de la pandemia. En el años 2020 el PBI cayó un 5% (con respecto a 2019) y el desempleo aumentó al 11%, (180 mil personas sin empleo) generando 100 mil nuevos pobres que dejaban el 8.1% de los hogares bajo la línea de pobreza y 11.6% de las personas en la misma condición. Es a partir de este punto de inflexión donde comienza a generarse la política de ajuste propuesta por el gobierno, por lo que la pandemia no fue un castigo sino una oportunidad de aplicar a rajatabla el plan económico de la derecha. La política salarial, la falta de políticas distributivas para los sectores informales que se veían afectados por la pandemia, y la ausencia de políticas de creación de empleo son pilares importantes, no los únicos, de los más de U$ 800 millones ahorrados de los que se vanagloria el gobierno. En la última rendición de cuentas presentada nada indica un “derrame” de la mejora producto del crecimiento económico.

Como dijimos anteriormente, en 2021 el PBI crece en Uruguay un 4,4%, lo que nos permite afirmar que se alcanzó un valor cercano a los 58 mil millones de dólares en ese año. Si bien es bajo comparado con el resto de la región, cuando lo medimos per cápita (por habitante) es el más alto, ya que significaría que cada uruguayo recibiría ingresos por casi 20 mil dólares anuales. Lejos estamos de la media salarial del país sea esa cifra ya que la gran mayoría de las y los trabajadores no se acercan a recibir ese monto. Eso nos hace mantener nuestra opinión que estamos frente a una crisis de distribución. El gobierno siempre apuntó a los “malla oro que llevarían adelante el pelotón”; esos son los sectores de la economía (agro, industrias vinculadas al agro y a la farmacéutica, bancos, grandes superficies) que acumulan la riqueza, pero el pelotón de los grandes sectores de la población que no se benefician en nada de la acumulación de ganacias que es cada vez mayor. Es por ello que manifestábamos que la política salarial era uno de los pilares del ajuste.

En nuestro país el salario mínimo nacional está fijado en $ 19.400 nominales. Si aplicamos los aportes a la seguridad social y Fonasa, llegamos a un ingreso “líquido” aproximado de $16.000. Pese a los intentos de mejorar el monto en los Consejos de Salarios por parte del PIT – CNT, la postura en conjunto de empresarios y gobierno impidió que el mismo creciera. Elevar el mínimo salarial implicaría subir los salarios negociados en las ramas de actividad, lo que va contra la política de ajuste: cerca de 650 mil trabajadores ganan $ 25.000 “líquidos”.

La 9ª Ronda de Consejos de Salarios comenzaba a discutir la situación de unos 700 mil trabajadores del sector privado que, en su gran mayoría, arrastraba una pérdida salarial cercana al 5%. Otros sectores que sufrieron más las consecuencias de la pandemia tuvieron una caída cercana al 8%, mientras que los trabajadores públicos rondaron el 6%. Con lineamientos bajos y sin propuesta de recuperación de lo perdido, el poder adquisitivo de los trabajadores comienza a deteriorarse e ingresa un nuevo actor imprevisto que hará más sensible la caída del salari: la inflación. La realidad marca que se ha perdido capacidad de compra tanto para trabajadores como para pasivos, ya que los ingresos de estos últimos acompañan el crecimiento salarial: si uno no crece o lo hace en niveles bajos, las jubilaciones y pensiones también. De acuerdo a los últimos datos suministrados por la empresa Scantech el promedio de la caída del consumo interno es de 5% promedio.

Otro elemento a tener en cuenta es la evolución del PBI y la masa salarial, teniendo en cuenta que esta última se compone por una aproximación de los ingresos totales percibidos por los trabajadores asalariados, su participación el en PBI muestra, en parte, como se distribuyen los ingresos. La caída de la masa salarial en 2021 fue cercana al 3% y se espera para el 2022 una caída de otro 2%. Por lo tanto el crecimiento logrado hasta el 2019 que había permitido volver a los niveles máximos de base 100 en 1998, comienza retroceder. Crecimiento de PBI con caída de masa salarial solo muestra que hay una mayor concentración de la riqueza, por lo que nuevamente nuestro concepto se fortalece: para nosotros lo que hoy enfrentamos es un aumento sostenido y constante de la desigualdad.

Hay otros factores que no pueden dejar de considerarse en un momento de ajuste del capital contra el trabajo, por ello haremos mención a la desocupación y a la pobreza. Los datos del INE son preocupantes para un país en crecimiento y que había bajado los niveles de pobreza e indigencia en los gobiernos progresistas.

Las cifras del desempleo en el mes de mayo pasado nos acercan peligrosamente al 2020. En términos porcentuales fue de un 8.1 pero si al porcentaje lo traducimos en números nos dice que hay algo más de 144.000 personas desocupadas, apenas 40 mil menos que en pandemia, donde debemos tener en cuenta que hay 11.000 ocupados en “Jornales Solidarios” y plan “ABC”. Estos empleos han sido tomados por el gobierno como una mejora en los niveles de actividad, más allá de sus condiciones precarias y lo insuficiente de su salario que no supera los $6.000 por 6 días de trabajo. La caída del consumo retrae el mercado interno y una de sus consecuencias es la baja en la actividad comercial e industrial que lo abastece, los sectores agro exportadores son bajos en cantidad de empleo por lo que no logran canalizar en su actividad la oferta de mano de obra. El aumento de la desocupación presiona a la baja el salario y, con ello, permite una mayor acumulación de riqueza para el capital. La falta de políticas de inversión pública y de incentivo a la creación de empleo de calidad son, tal como lo decíamos al inicio, uno de los pilares de la política de ajuste de este gobierno que cree en la auto regulación del mercado.

Desempleo y trabajo mal remunerado son caldo de cultivo para el aumento de la pobreza, algo que es inexplicable en un país que tiene la capacidad de producir alimentos para 30 millones de personas y en el que habitan apenas 3 millones. Si bien el gobierno anunció haber sacado de la pobreza a varios miles de uruguayos, con una metodología bastante cuestionable, otra vez el INE deja de manifiesto las falencias en la distribución en nuestro país. En el segundo semestre del 2021 estimó que el 11% de las personas estaba bajo la línea de pobreza, lo que significa que cada 1000 personas 110 son pobres, y el 7.6 de los hogares se encontraban en la misma situación. Si vamos a la indigencia es 0.3 y 0.2 respectivamente.

A su vez, en el segundo semestre del año 2021 según informe del INE la pobreza en los hogares por sexo se estimó en los hombres en 5,8% para todo el país, con 7,1% en Montevideo y 4,9% en el interior, mientras que en las mujeres se estimó en 9,1% para todo el país, con 10,7% para Montevideo y 7,8% para el interior. Por edades, la pobreza (10,6% en total) afecta mayoritariamente a los niños de entre seis y 12 años (19,4%), seguidos por los adolescentes de entre 13 y 17 años (18,8%) y por los niños menores de seis años (18,6%).1

Las mujeres siguen sosteniendo el país sobre sus hombros y no avizoramos políticas orientadas a fortalecer su desarrollo y autonomía económica. El aumento de precios, la suba del costo de la educación preescolar2, la caída del salario real y el mayor índice de desocupación nos muestran que las políticas de combate a la pobreza son ineficientes y no incluyen la división sexual del trabajo3.

En términos de la ascendencia étnico-racial de las personas, es la población afrodescendiente la que continúa registrando mayores niveles de pobreza. En el segundo semestre del 2021, para el total del país, la incidencia de la pobreza para las personas que declaran tener ascendencia afrodescendiente es superior a la estimación que para quienes declaran tener ascendencia blanca en casi 11 puntos porcentuales4.

Al igual que la tasa de desempleo, los datos de pobreza e indigencia son casi idénticos al 2020. Pero el dato que más preocupa es el de la niñez ya que algo más del 20% de los niños de hasta 12 años son pobres. ¿ Cómo se puede avanzar hacia una sociedad menos desigual, menos violenta y con mejores niveles de vida cuando la niñez está sumida en la pobreza?.

Al hacer referencia a la relación del salario con la pobreza debemos reseñar cuál es el ingreso que el INE entiende como necesario para no estar bajo el umbral de la pobreza. Muchos de los trabajadores que creían haber alcanzado el sueño de pertenecer a “la clase media”, cayeron en la pobreza como consecuencia de la pandemia. Otros jamás saldrán de ella porque sus ingresos no le permiten sobre pasar ese umbral. Al mes de diciembre del 2021 se necesitaban $17.302 para no ser una persona “pobre” o vivir en un hogar de 2 personas donde ingresaran $30.431 pesos o de 3 personas donde ingresen $43.108. Estas cifras nos llevan a reflexionar que la pobreza no es solo para los desocupados o para aquellos que viven del empleo informal, sino que también alcanza a un número importante de trabajadores asalariados. Podemos hablar de trabajadores pobres.

Aumento de la pobreza, cifras de indigencia que se mantienen cercanos a los niveles vistos en pandemia, empobrecimiento de los trabajadores asalariados, son las consecuencias de la aplicación de un modelo económico que prioriza las mejoras de las cuentas públicas y de las ganancias del capital, solo de esa manera se explica que el crecimiento económico actual no llegue a quienes hoy enfrentan una situación de emergencia alimentaria y habitacional que se traduce en miles de personas en situación de calle o en las miles que se alimentan en las ollas populares, o en los miles que no se ven ni en unos ni en otros pero que también enfrentan problemas de vivienda y alimentación.

Nuestra opinión es que no estamos frente a una crisis económica, estamos frente un aumento sostenido y constante de la desigualdad.

Referencias:

1 Fuente INE

2 Índice de Precios del Consumo, boletín técnico del INE, 4/3/2022

3 https://ladiaria.com.uy/opinion/articulo/2022/4/sin-politicas-orientadas-el-horizonte-de-la-igualdad-estara-mas-lejos/

4 Fuente INE

Artículos recomendados

2 comentarios

  1. Exelente analisis compas

  2. TOTALMENTE DE ACUERDO

Deja un comentario

Descubre más desde Diálogo 1968

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo