Mauricio Galván

Cuando todo el mundo miraba hacia la guerra Rusia-Ucrania, Hamás interpela en su rol, a la comunidad internacional. 

Exactamente 50 años después del ataque del Yom Kippur, Hamás encesta una arremetida en suelo ocupado por Israel, de la cual no se tiene precedente en los últimos años. Lejos de (solamente) ser una incursión kamikaze, lo del 7 de octubre es un golpe en el tablero de la geopolítica mundial. Al igual que las clásicas muñecas de origen ruso, la incursión armamentística de este fin de semana tiene dimensiones que van de mayor a menor,una dentro de otra, no dejando indiferente a ninguno de los actores implicados, de alguna manera u otra, en este genocidio que lleva ya cerca de 75 años. 

La muñeca pequeña: la interna palestino-israelí. 

Netanyahu es uno de los políticos con más vidas que han dado los últimos años (algo así como un Berlusconi o un Erdogan hebreo) ha sobrevivido a guerras, casos de corrupción y un sin fin de reveses electorales que lo han tenido al borde del retiro unas cuantas veces, sin embargo, el tipo siempre logra estar ahí. Aunque esta situación parecería estar cambiando ante la intentona de cambiar la constitución con el fin de menguar el poder judicial. En respuesta a este abuso de poder -que casualmente se da en el mismo momento que Netanyahu está enchastrado por presunta corrupción- el pueblo israelí se ha volcado a la calle de manera masiva y hasta generó que se enfriaran las relaciones con su principal aliado, Estados Unidos, el cual no dejó de marcar el abuso de funciones de la coalición de extrema derecha que lidera el presidente israelí. Sumado a esto, el ataque de Hamás deja en vergüenza al Mossad y humilla de la peor manera a uno de los ejércitos más preparados, el cual se jactaba de tener unas fronteras infranqueables. Es una incógnita cómo reaccionará el pueblo israelí, si definitivamente le soltará la mano al gobierno de extrema derecha o si se le dará una tregua en una causa que siempre ha unido al pueblo israelí, la causa bélica. 

De la acera del frente, Hamás, con este ataque, busca dar a entender lo que hace años ya es un secreto a voces, que es el interlocutor elegido por el pueblo palestino. El accionar de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) de carácter pacifista y secular, poco o nada ha mejorado la situación del pueblo palestino. El discurso conciliador con el gobierno israelí, de nada le ha servido para frenar los avances de los colonos en territorio palestino, sino todo lo contrario. Para colmo de males, Mahmud Abas -con 87 jóvenes años- está también implicado en casos de corrupción y su partido viene postergando las elecciones en Palestina hace ya 14 años. No es de extrañar que al perpetuarse la infiltración de Hamás en territorio enemigo, la mayoría de la población de Cisjordania (zona donde gobierna la OLP) lo haya celebrado como una victoria propia. 

La muñeca del medio: Arabia Saudí. 

El mandato de Joe Biden no pasará a la historia por su avidez en cuanto a política internacional -basta ver el desastre que está resultando la guerra en Ucrania-, esto lo saben él y sus asesores. Ante esto y con unas elecciones a la vuelta de la esquina, es que su gobierno busca un gol in extremis que dé algo de aire al octogenario, de cara a la reelección. Este triunfo de las relaciones exteriores yankees se hubiera materializado a través de una normalización de relaciones entre sus dos mayores aliados en Medio Oriente: Israel y Arabia Saudita. 

El triángulo amoroso calzaba a la perfección para todas las partes. A los beneficios electorales anteriormente comentados para Biden, el acuerdo favorable para Arabia, le hubiera servido para ganarse aún más la simpatía de un socio importante, el cual últimamente ha estado acercándose demasiado a rivales directos de Estados Unidos como Rusia y China. Del lado israelí, hacerse con la amistad de la monarquía saudí, líder del mundo sunni, sería todo un éxito diplomático, sin contar que generaría alianza estratégica con un país con el que tienen un enemigo común: Irán. Por último, La monarquía saudí, cediendo ante este pedido de Estados unidos, no sólo se hubiera favorecido generando lazos comerciales y armamentísticos con Israel -es conocido el interés de los saudíes en hacerse con software de espionaje de origen hebreo- sino que también obtendría a cambio, el beneplácito de Estados Unidos para desarrollar una industria nuclear en su país. Sin embargo, el acuerdo contaba con un inciso incómodo el cual quedó demostrado aún más el pasado 7 de Octubre. Con la incursión de Hamás, la poca viabilidad de este acuerdo, se hizo más que evidente. Es que, si bien la poca o nula opinión que pueda tener la población saudí tiene poca relevancia para la toma de decisiones por parte de la monarquía, es muy contradictorio erigirse como el mayor exponente del mundo árabe manchado con la sangre de una de las (pocas) causas comunes del mismo. Un ejemplo de la inviabilidad -al menos a corto plazo- de este acuerdo, fue el comunicado que emitió el mismo día del ataque la casa real saudí en la cual se culpa a Israel del ataque de Hamás. 

La muñeca grande: la propaganda 

“Un paso adelante, dos para atrás” es el título de un libro de Lenin, pero también una frase que perfectamente podría acuñar Hamás en este momento. Sabedor del gran costo que implica en vidas, el golpe asestado es un grito desesperado, una manera efectiva de alarmar, de poner en el tapete una causa que ha perdido el apoyo y el interés de la opinión internacional, o al menos de los gobernantes.

Lejos está el 1948, cuando gran parte de la liga arabe se enfrentó al recientemente creado estado israelí o el 1967, cuando en un ataque varios paises arabes tomaron por sorpresa al invasor, en la que hasta la fecha había sido la ofrenda más grande recibida por el estado sionista. Transcurriendo las décadas, poco a poco Palestina ha ido quedando sola en su designio, volviéndose una causa romántica de estadios de fútbol que cada vez menos gobiernos se animaban o les interesaba defender. Con el correr del tiempo, país tras país han ido reconociendo a Israel como Estado -en el 2020 en el llamado acuerdo de Abraham, 6 países árabes firmaron sendos acuerdos de paz con el estado israelí-.

Sin embargo, los pueblos árabes no han dejado de sentir la causa palestina como propia. Hamás es consciente de ello y con este ataque busca poner en evidencia a los gobiernos que le han dado la espalda. La milicia, sabedora de la fragilidad de la estabilidad en la región, presiona a los gobiernos frente a sus población (Aún está presente en el horizonte la primavera arabe) para que tomen cartas de manera activa en el asunto. El caso más reciente de esto es el reino de Marruecos, donde miles de ciudadanos se movilizaron de manera espontánea en varias ciudades para demostrar apoyo a la causa palestina y en contra del acuerdo con el estado hebreo -el rey Mohamed V firmó el tratado de paz con Israel a cambio de que la administración Trump reconozca el Sahara occidental como territorio marroqui-.

Ya a un mes de escribir este artículo varios de los vaticinios lamentablemente se han ido cumpliendo. Para el pueblo palestino es un deja vú de lo que viene sufriendo desde el 48: muerte de civiles -en dos semanas se calcula que Israel ha matado mas niños palestinos que en 23 años de conflicto-. El pueblo árabe y musulmán de manera espontánea ha salido a la calle reclamando a sus gobernantes, dando esto un gran efecto donde el caso mas resonante es el giro de timón que ha tomado Turquía, aliado de Israel el cuál ve ahora en Hamás “un grupo de luchadores por la libertad”. Netanyahu ya es un cadáver político el cual luego de esta incursión armamentística parece tener los días contados. Arabia Saudí si bien ha sido más comedido que otros países en la condena de la invasión, ha enfriado sus relaciones con Israel, lo cual hace ver cada vez más lejos un acercamiento entre ambos países, al menos a corto plazo. Todo esto ocurre con una izquierda internacional -con excepción del presidente de Colombia, Petro- timorata y tibia la cual, si bien condena, equipara a victimario con víctima. Algo así como equiparar la violencia de los partisanos con la de los fascistas. No obstante, Hamas ha conseguido en poco tiempo transmitir un mensaje contundente al mundo: La paz en Oriente Medio no podrá alcanzarse si se relega a la población palestina que se encuentra atrapada en la cárcel de Gaza.

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