El filtro: una masacre que duele en la memoria

Hernán Calleros

El pasado 24 de agosto pudimos escuchar las palabras de Norma Morroni, llenas de verdad, sencillez, calidez y fuerza para seguir luchando 31 años después del asesinato a manos de la policía de su hijo Fernando, obrero de la construcción, en la represión alrededor del Hospital Filtro hace 31 años. Era el corolario de una inmensa movilización popular qué venía de años atrás, exigiendo que se liberara a los vascos detenidos y coartados en su derecho de asilo, por presión del Estado Español, que exigía la extradición de 3, llamándolos asesinos. Una vez concretada la extradición, sólo pudieron probar delitos menores a dos de ellos. 

Convocados alrededor del Hospital Filtro por organismos de defensa de los derechos humanos para exigir que la extradición no se cumpliera, durante cinco jornadas se dieron cita decenas de miles de personas, con el inmenso apoyo de la ciudadanía en general. Convocaron gremios estudiantiles, sindicatos y cooperativas de vivienda con un paro general, una marcha multitudinaria y, en otra jornada, una movilización aún más grande convocada por el Frente Amplio. 

Fue todo el pueblo organizado de la ciudad y sus alrededores. Fueron días hermosos, de lucha por el derecho de asilo y contra el imperialismo español defendido por el gobierno de Luis Alberto Lacalle Herrera. Días luminosos en los que descubrimos la inmensa fuerza de la unidad, la capacidad de debatir y organizarnos, y la posibilidad real de enfrentar a los poderes represivos y económicos que siempre pretenden mandar.

Esa tarde del 24 de agosto finalmente llegó la orden de represión generalizada, que luego se intensificó con la balacera contra la manifestación, dejando cientos de heridos —muchos de ellos con secuelas graves— y el asesinato de Fernando y de Roberto Facal, militante, fotógrafo y Concejal Vecinal de la zona. 

Más allá de la extradición de los vascos, el Estado capitalista uruguayo, como aparato de las clases dominantes, actuó en defensa de sus intereses. No podían permitir que quedara sin castigo la impresionante muestra de unidad y fuerza del pueblo organizado, por lo que respondieron con la violencia que siempre preparan en sus aparatos represivos, llevándola a la práctica contra el pueblo.

Conocemos bien la lucha del pueblo vasco por su autodeterminación, y ellos conocen la nuestra. Nos ha hermanado la solidaridad mutua en distintos momentos y los enfrentamientos a los mismos métodos represivos: cárcel, tortura, asesinatos, desapariciones, escuadrones de la muerte organizados desde el Estado.

Hoy nos hermana también la lucha contra el genocidio colonial, racista e imperialista del Estado de Israel contra el pueblo palestino. Horroroso crimen de lesa humanidad, que desnuda el carácter último del régimen y del modo de producción capitalista, su forma de «gestionar» la sociedad, los derechos, la soberanía, la tierra y el futuro: nos dicen que no hay esperanza para los pueblos, que es para ellos -los dueños- todo lo que hay. Y contra eso y sus crímenes no nos resignaremos, seguiremos marchando y luchando.

La Marcha del Filtro nos recuerda dos aspectos más, uno más práctico y otro más prospectivo. En el terreno práctico nos advierte una y otra vez que no hay, ni puede haberlo, en esta sociedad de injusticia y explotación, una policía neutral. La misma está siempre para reprimir al pobre, al de abajo y al movimiento popular organizado, cómo se demuestra en los barrios populares y en las cárceles todos los días, y en las movilizaciones que no son de su agrado cuando se les antoja. Como dice la proclama de esta Marcha: 

«(…) ¡Ningún crimen de Estado tendrá olvido ni perdón!

Porque culpables son Luis Alberto

Lacalle y Angel Gianola que dieron las órdenes.

Es el Estado español que controló el operativo desde la seccional 13.

Culpables son Erodes Ruiz, Miguel Rolan, Guarino, Navas, Martín Gutiérrez, Jorge Deffes y todos los que comandaron la represión.

Culpable es Waldemar Rosas Ruiz que apretó el gatillo.»

También nos habla del futuro o de los futuros posibles: ¿Seremos capaces de unirnos, de organizarnos para que todos y todas tengan trabajo y salario? ¿O quedará en las migajas, en los robots, en la IA?¿Lograremos pelear por reducir los años de trabajo y que se remunere el trabajo de cuidados para nuestras infancias y nuestros viejos y viejas, o será el sálvese el que pueda y trabajar hasta morir? ¿Se hará pagar a los ricos y a los que se quedan con todo, o se eternizará la destrucción de la tierra y la vida, los guetos y la policía asesina? 

¡Arriba los y las que luchan! ¡Unidad para luchar, Unidad para vencer!

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