Hace 50 años en Argentina se daba el enésimo Golpe de Estado, inaugurando formalmente el plan de exterminio concreto para ese país: un genocidio político, industrialmente preparado por las clases explotadoras del país y de los Estados Unidos. El objetivo era claro: liquidar política, social y físicamente a la militancia de todo el movimiento popular, de la clase trabajadora y de sus organizaciones políticas.
Fué a la vez el último país de América Latina que se buscó someter completamente a los dictados del mercado mundial, sus empresas y sus estados imperialistas, lográndolo y también el Golpe. Esto con motivo de que uno de los principales países del Tercer Mundo, del Sur Global, terminara con, claramente, ninguna posibilidad de soberanía y desarrollo propio. Para terminar con la esperanza de la humanidad en otra historia, otros caminos, otras posibilidades de hacer que este infierno de la explotación, la muerte y la desesperanza de las inmensas mayorías no fuera la única realidad.
En estas tierras se empezó a imponer el neoliberalismo por primera vez en el planeta, esa máquina perfeccionada de exclusión, de expansión acelerada de la búsqueda de ganancia en todas las esferas de la existencia, de puesta en valor de las relaciones humanas, la naturaleza y la vida en esclavitud para el capital y los capitalistas.
A no dudarlo nunca, los poderosos y sus privilegios no se detienen ante ningún crimen para conservar su lugar de explotación de los demás. Recordémonos y recordemos a los caídos, a los torturados y asesinados, a los desaparecidos, ese atroz crimen que nunca cesa, practicado masivamente en todo América Latina, generalizado por los nazis alemanes y enseñado por la Escuela de Guerra francesa a los oficiales de «nuestros» ejércitos de ocupación. Siempre felones, siempre prontos para ejecutar las órdenes de «nuestras» –de ellos!!– burguesías, siempre a favor de complacer al capital, los terratenientes, a los monopolios «nacionales» o extranjeros. Matando, persiguiendo, explotando al pueblo y a los y las militantes que lo defendían. Siempre saqueando y robando, aplicando sus leyes o pisoteándolas cuándo las cuentas no le daban, cuándo alguien los denuncia o desafía, cuándo cualquiera propone sobre el tema que sea algo mejor para todos y todas que les molesta para sus negocios.
Y recordemos que se ceban siempre en los militantes, y en sus colaboradores, y en quién escucha y comprende. Pues la militancia, en palabras de Taty Almeida «…es compromiso, es ayudar al otro…» y dice que «…no hay que tenerle miedo…» y que la única lucha que se pierde es la que se abandona…». Nosotros de este lado, con la lógica contraria a los asesinos y miserables, y ellos y ellas, parieron a las Madres, a las Abuelas. Continuamos la lucha: no será en nuestro nombre el fracaso de la humanidad.
Y más allá de errores y fracasos, este día es para denunciar a los responsables del genocidio y sus razones, así como para festejar todo lo valientes y claros que fueron nuestros compañeros y compañeras. En definitiva y no es menor, se comprendió por toda una generación que el capital en crisis preparaba un nuevo e inmenso saqueo, una desposesión de las grandes masas y se propuso superarlo con ideas y planes absolutamente razonables y logrables… Y tenían razón, los efectos de su derrota los sufrimos en la miseria y la desesperanza actual, en la sociedad para el 30%, o el 20% o a veces el 10% en la que vivimos hoy.
Al mismo tiempo, no habernos podido sacarnos de encima a estas lacras, a este modo de vida que todo lo corrompe, lo separa, lo destruye o lo vende. El capital no puede ni quiere parar su voracidad por engullirlo todo y, a pesar de que en todo el mundo en los últimos 50 años los ricos son cada vez más inmensamente ricos y poderosos y continúan concentrando más y más recursos, dinero y poder, expropiando hasta el trabajo, la educación, la salud, la comida y…la vida.
Hoy se aprestan a redoblar sus ganancias por intermedio del racismo, el odio al pobre y al prójimo, el machismo y el desprecio por niños y viejos y, por supuesto, el genocidio en Palestina y la guerra en todos lados. Los nuevos Hitler se llaman Trump, Bolsonaro, Kast, Milei, Meloni o Van der Leyen.
Pero sus armas son las mismas y sus enemigos son los mismos: por un lado los medios masivos, la manipulación de redes sociales, la difamación y los discursos de odio, la infiltración y la vigilancia de inteligencia contra los movimientos sociales, el financiamiento de los paramilitares y las redes mafiosas de todo tipo, la represión violenta de todo tipo de aparatos militares llenos de sádicos.
Sin embargo, del otro lado están sus enemigos: el pensamiento propio, la búsqueda de la verdad y la solución colectiva, el debate honesto y democrático, la organización popular y política de los de abajo, los trabajadores y el pueblo, las luchas femenistas por la igualdad y las luchas contra la discriminación sexual y el racismo, y en especial los sindicatos clasistas de trabajadores de todo tipo, claramente definidos por los teóricos neoliberales cómo el escollo principal a destruir para el libre vuelo del capital…
Entonces nos queda NO OLVIDAR, NO PERDONAR… Continuar la lucha, entender, conversar entre nosotros y nosotras y Planear las Luchas y Buscar la Unidad para Vencer a esta runfla de infames.
A 50 años del golpe genocida en Argentina decimos: 30.000 Detenidos-Desaparecidos Presentes!! Salud Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, su lucha es nuestra lucha!! Unidad para Luchar, Unidad para Vencer!! MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA!!



