Sobre la invasión Rusa a Ucrania: de la «guerra fría» a la caliente

Humberto Pérez, Hernán Calleros y Adrián Arriola

Museo Nacional del Holodomor (Hambruna) Ucrania

En el marco de una crisis clásica del sistema capitalista de sobreproducción de mercancías y super concentración de la riqueza, donde se dan disputas cada vez más salvajes sobre mercados, destrucción sin antecedentes de los ecosistemas y depredación de los recursos naturales con sus consecuencias de empobrecimiento, exclusión y represión, vuelve aparecer el fantasma de la tercera guerra mundial, con la invasión de la Federación Rusa a la República de Ucrania.

La crisis del mundo unipolar dominado por el imperialismo de los EEUU, junto con la deslegitimación de los organismos internacionales surgidos de la Segunda Guerra Mundial (ONU, OMC, FMI, Unión Europea, OEA), y la emergencia de China e India, así cómo la re-emergencia de Rusia, con las respuestas hipermilitaristas a esta situación de ampliación de la genocida OTAN, dan el marco de esta inaceptable invasión.

En países de América Latina conocemos bien el asesino dominio norteamericano pasado y presente con sus lacayos locales, pero esto no habilita a considerar de ninguna manera al régimen de Putin cómo «amigo» o «aliado» de ninguna causa a favor de las y los trabajadores o el pueblo.

Asimismo pedir por parte del infame régimen de Zelenski (con su División neonazi Azov y sus masacres de civiles en el Donbass y sus asesinatos de pacifistas) el choque de bloques es pedir una guerra nuclear, que no vemos probable pero que se debe denunciar en forma militante con la máxima movilización.

El resultado de la invasión determinará la predisposición del resto de los países a la agresión: si falla, será una fuerte disuasión a las potencias globales y regionales. Pero si triunfa, será un deslizamiento de la situación global a una «jungla» generalizada, pues alentará a la extrema derecha rusa, ucraniana y mundial y será un poderoso aliento para que EEUU y aliados vuelvan a la agresiones militares.

Fotografía de una calle de Járkov realizada por Alexander Wienerberger en 1933. Hambruna en Ucrania 1932-1933

Asistimos también, una vez más y cada vez peor, con estupor y rabia, al desastre político y cultural de los sistemas de comunicación hegemónicos que destruyen buena parte de la posibilidad de pensar y debatir con sus invenciones de «malos y buenos», su absoluta impunidad para mentir y ocultar, su anulación de la perspectiva histórica de comprensión, sus campañas, mentiras y censuras generalizadas y selectivas y su, por supuesto, evitación cuidadosa de las expresiones de los movimientos populares, sindicales, pacifistas y de izquierda de los pueblos rusos-ucranianos y en todos lados. Esto logra entre otras cosas que algunas «izquierdas» y «progresismos» reaccionen realizando confusas apreciaciones, tratando de ver algún lado bueno en esta nueva guerra contra cualquier autodeterminación de los pueblos: en definitiva, guerra de rapiña y de masacre de los pueblos.

Exigimos la retirada inmediata e incondicional de los agresores como lo hemos hecho en todos los casos de invasión de un país a otro. Estamos a favor del derecho de los pueblos a la autodeterminación democrática.

Desde una perspectiva internacionalista y de clase llamamos a la más amplia movilización contra la guerra, abrir todas las fronteras a los-as refugiados-as ucranianos, cómo lo hemos reclamado siempre con los-as que huyen de la guerra vengan de donde vengan las persecuciones y la
concreción de campañas internacionales a favor de ayuda humanitaria a los-as desplazados, costeada por los responsables.

¡Toda la solidaridad con el pueblo ucraniano y con los que resisten a la guerra en Rusia!
¡¡Fuera Zelenski, Putin y la OTAN. Unidad de los pueblos contra el chovinismo, el racismo, la extrema derecha y el neonazismo!!
¡Sí a la autodeterminación!
¡¡Sí a la desescalada, sí a la desnuclearización!!
¡¡Sí a la paz, No a la guerra!!

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