En agosto el gobierno presentó el Presupuesto quinquenal, es decir, la forma en que este gobierno proyecta el gasto público y cómo piensa obtener los ingresos para ese gasto.
Es de las situaciones más importantes, si no la más importante, que llevan adelante los gobiernos. Define las líneas de inversiones en las políticas públicas y, por ende, sus rutas de trabajo o su rumbo político. Definir a dónde va qué plata es una decisión política que revela el sentido de cada gobierno, y esto es de las cosas que fundamenta el no somos todos iguales.
Así como marca hacia dónde va el gobierno su gestión del gasto, también deja en evidencia sus bases filosóficas cuando nos muestra de dónde salen esos recursos para invertir en tales políticas públicas.
Todos y todas supimos que, si el ministro de Economía era Oddone, tal como indicó el mismo presidente allá por julio del 2024, antes de ganar incluso, la política económica del gobierno frenteamplista que disputaba las elecciones iba a tener un sentido político-económico claramente marcado, siendo un economista con visión internacionalista, muy cercano a empresarios y a las bancas internacionales (fue parte de CPA Ferrere hasta diciembre de 2023 y asesor del BID).
Es verdad que al Presupuesto no solo lo arma él, si no que cada Ministerio pone sus intenciones de gastos y sus proyecciones, pero los finalistas de la obra son el Ministerio de economía y Finanzas (MEF), la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) y Presidencia. Por lo que la disputa política está centrada en esos pilares.
A pesar de que estén muy centralizadas las decisiones finales, hubo una intención de cuidar al Frente Amplio y los actores que escribieron los 714 artículos tuvieron a bien no solo leer el Programa del Frente Amplio, si no que tenerlo en consideración para armar el Presupuesto.
Tienen un punto, y es en esto: en el armado del articulado, en las justificaciones de los gastos, en los argumentos de cómo se obtienen los ingresos, en mantener presente el Programa del FA y en tratar de cumplir las expectativas de todos y todas aquellos y aquellas que en noviembre de 2024 eligieron que este sea el gobierno que los y las conduzca durante los próximos 5 años, donde se daba la batalla ideológica de un presupuesto de un gobierno que vino a cambiar la realidad de todos y todas.
A pesar de que había intención de presentarlo antes, llegó el último día de plazo, porque hasta último momento se estuvo negociando, al decir del ministro y los responsables desde la Torre Ejecutiva, con los públicos – COFE- y la Universidad – AFFUR y ADDUR -. Se intentó acordar lo máximo para poder presentar un documento cercano a quienes representa, supuestamente.
Con el diario del lunes, vimos que esas negociaciones no fueron tales o, al menos, no fueron para todos por igual, o se dejó a algunos de lado. A la fecha, se declaró al ex Rector de la UdelaR – Rodrigo Arim, quien encabeza la OPP- persona no grata por parte de las y los funcionarios de la UdelaR, mientras que los gremios universitarios están en conflicto por la ausencia de un presupuesto decente para la educación. Los públicos están en cruzada, porque para conseguir un aumento del salario entregaron la batalla por los 3 días por enfermedad pagos. El PIT CNT dijo algo como que el Presupuesto tiene buena intención con algunas políticas tributarias pero que es tibio y continuista en algunos aspectos. Los y las frenteamplistas reclaman en sus comités de base más cumplimiento del Programa del FA y mejores políticas impositivas, más populares.
Por lo tanto, podemos decir que una gran parte de la sociedad, aquella que sigue este tema, digamos la verdad, no ven tan completo y tan bien direccionado este Presupuesto. Si bien cada uno de estos actores ve partes buenas y bien intencionadas, esperaban más, ¿y quién no? de esta gestión progresista en el gobierno.
También es cierto que para poder ver toda la pradera tenemos que contextualizar la situación en la que se encontraba el país luego de los 5 años de gestión del gobierno de Luis Lacalle Pou. Según Fernando Isabella, en un artículo en La Diaria, el déficit fiscal que dejó la gestión de gobierno pasada fue la más alta en los últimos 30 años. Es decir, que la plata que el estado invirtió no existía, por lo que se hizo a través de generar deuda, deuda a futuro – futuro que estaba ahí, le iba a tocar pagar al que fuera elegido para gobernar desde 2025 –.
Pero, además, fue un gobierno que aplicó una distribución del gasto totalmente desigual, solo beneficiando a unos pocos sectores de la población. Sus amigos productores y empresarios aumentaron sus ingresos y la concentración de su capital. Mientras, los trabajadores y las trabajadoras, así como los y las más humildes, fueron quienes más pobres se hicieron y mayor pérdida de ingresos y poder económico tuvieron. La pobreza infantil, es decir la pobreza en hogares donde viven niños, niñas y adolescentes, alcanzó números históricos e imperdonables.
Un escenario de total desidia y poco apego por el bien popular y el bienestar de la sociedad uruguaya, fue lo que encontró este gobierno. Un gasto del Estado invisible en reales políticas públicas, una generación de deuda altísima y una desigualdad estructural abismal. Lo que lograron en 5 años los blancos acompañados del resto de los partidos tradicionales fue casi un récord.
Ante este fierro caliente, decir que el gobierno tuvo que reorganizar la forma de vida de esta sociedad, no es exagerado: el Presupuesto y las inversiones en políticas públicas, así como de dónde sale esa plata, hacen a nuestra vida cotidiana más de lo que creemos. Define los costos en el almacén o la feria, define la situación de nuestros y nuestras niñas, niños y adolescentes en la vida educativa y en su desarrollo humano, define la accesibilidad y capacidad de atención de los servicios médicos, define las políticas laborales que nos darán mayores beneficios y/o derechos, entre muchas cosas más, por lo que no solo determina cómo vivimos hoy si no cómo podremos vivir de acá a 5 años.
Por lo tanto, debemos reconocer que se intentó armar un Presupuesto pensado en mejorar la vida de las personas, paulatinamente, pero mejorarla al fin. De todas las personas, no solo de los malla oro.
A pesar de esto y, como todo en la vida, tiene contradicciones que creemos son relevantes mencionar: dice no traer recortes, lo que técnicamente es real, pero materialmente no tanto, ya que los impuestos anunciados – que ya existen pero no se aplican, por lo tanto no existen como tales – terminan siendo recortes al acceso de ciertas cosas para toda la población, así como no devolver parte de los impuestos que fueron retenidos en el gobierno pasado, son un recorte indirecto porque es plata que no vuelve a la cartera de la dama o la billetera del caballero, y plata que se va de los bolsillos cuando los impuestos se “re-adecúan”; dice tener grandes inversiones, que sí, es real, hay un estimado de $900.000.000.000 y $1.000.000.000.000 de inversión por año desde 2026 a 2029. Pero todas estas inversiones, priorizadas en salario para la administración pública, en políticas redistributivas a través del sistema educativo inicial, medio y básico, en políticas para combatir la pobreza infantil, en la seguridad pública y en la defensa nacional, son números muchos más chicos que las gestiones pasadas del Frente Amplio. Y a pesar de ser la educación uno de los organismos que más se lleva el dinero de este Presupuesto, es el Presupuesto más bajo que se destina a la educación pública en general, ya no solo lejísimos del 6%+1 para la educación, si no lejísimos de la demanda cotidiana.
Es un presupuesto que proyecta sus ingresos basados en una “fé” en los movimientos económicos que, como fé, está basada en una creencia sin base material sólida. Si bien en la exposición de motivos del Presupuesto se analiza el contexto internacional y regional y cómo se ha movido esa economía, la afectación que tuvo sobre nuestra economía, así como la situación del dólar, no se visualiza en qué está basada esta creencia. En esa línea de fé, se aspira a que el ingreso al país crezca por sí solo en 1,5% del PBI y que el resto de la proyección de aumento de ingresos venga de la creación de impuestos y de la re-adecuación de otros impuestos.
La creación del impuesto mínimo global, impuesto que se basa en un Convenio Internacional al que adhirió Uruguay en 2023, es de las cosas más “revolucionarias” y de izquierda que tienen estos 714 artículos presupuestales. Con este impuesto se busca gravar los movimientos de ingresos que tienen las empresas multinacionales presentes en nuestro país con ingresos de miles de millones de dólares, es decir, que de toda esa plata que hacen un porcentaje se quede acá. Habrá que ver si este impuesto funciona como espera el ministro de economía, si en vez de ahuyentar empresas las consolida y, por ende, consolida mayores ingresos a nuestro país.
Es verdad que Uruguay es un país que brinda mucha estabilidad económica, política y social, que atrae por eso mismo muchas inversiones, pero jugarse a recaudar de las empresas multinacionales, que cada vez más buscan como evadir esas tasas, y que eso no traerá una cola de problemas, es el elijo creer más grande de la historia uruguaya.
Para nosotros y nosotras gravar el capital, y más el capital extranjero, es siempre una buena señal y un paso más a la cercanía de la justicia social y tributaria. Pero no meterse con quienes en este país acumulan plata y concentran capital, ese 1% más rico de este país, es relegar y regalar la estabilidad económica y laboral de nuestro país a una fe inexplicable e injustificable.
De más está aclarar que, así como el Ministro de Economía, tenemos las mismas ganas de que esas proyecciones de ingreso se den y existan, porque la mejora y bienestar de la población uruguaya y la transformación real de la vida material de la personas es –o debe ser– el principal interés de un gobierno progresista puesto ahí por una fuerza política de izquierda.
Como también de más está decir que, como gobierno progresista puesto allí por un sentir necesario de cambio, puede y debe mejorar el gasto en las políticas públicas que dejó para atrás.
No somos los mismos, no tenemos las mismas intenciones de gobierno, no priorizamos ni elegimos las mismas personas, no nos olvidamos de quienes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos, y eso es necesario decirlo y repetirlo, porque es esencial en la defensa de la democracia y de la existencia de la izquierda, pero, sobre todo, tenemos y debemos que demostrarlo con los hechos.
La historia juzga y no espera, la vida de las personas también.




