En esta nueva entrega de Dialogando con, charlamos con Patricia González, responsable de la recientemente creada Comisión de Género y Feminismos del Frente Amplio, para poder conversar sobre los desafíos que se le presentan a nuestro FA en lo referente a dicho tema. Con muy buena disposición y calidez de su parte, pudimos tener un enriquecedor diálogo que les dejamos a continuación.
Patricia, para ir empezando, ¿te querés presentar para quienes no te conocen?
«Soy Patricia Gonzalez, tengo 35 años. Soy militante feminista, llegué al Frente Amplio siendo feminista militando por el sector “El Abrazo”. Ahora soy responsable del área de género y feminismo del Frente. Hace varios años que vengo en esta vuelta de los temas en la intersección entre la izquierda y el feminismo digamos.»
En un sistema político tan masculinizado: ¿qué importancia tiene la creación de una comisión de género y feminismos en el FA?
«Yo creo que tiene importancia en la medida que tiene un compromiso, ¿no?.
Fijate que los mecanismos de género dentro de los gobiernos nacionales tanto en política pública como en los gobiernos departamentales, son un reclamo de los años 90. Y nosotros en la fuerza política en el 2022 estamos considerando una innovación tener un espacio de género. En realidad también es una manera de decirnos que lo mínimo que podemos hacer es tratar de ponerle cabeza para pensar cómo revertimos una situación que hasta ahora no hemos podido hacer.«
¿Qué desafíos se presentan a la hora de incorporar la cuestión de género como cuestión central del FA?
«Yo creo que el principal desafío es lograr interpretar que hay en esto una necesidad de transformación profunda, ¿no? O sea que nosotros podríamos tener un espacio para hacer algunas cosas, como para dar algunas discusiones. Pero en realidad el problema que estamos teniendo en este momento es que en esta época la mayoría de las mujeres jóvenes se consideran feministas, la mayoría abrumadora. Y que nosotros estamos pensando en una fuerza política que nos sobreviva a nosotros.
Creo que el principal desafío es plantear que hay una diferencia cultural en nuestra manera de hacer política y en la manera de hacer política que pone arriba de la mesa el feminismo. No sólo en Uruguay, sino en el mundo diría, pero el feminismo latinoamericano sobre todo.
Como en una idea de este relato de si la izquierda no es feminista no va a ser izquierda. Bueno, ¿pero qué quiere decir que la izquierda sea feminista?. De alguna manera quiere decir que necesita transformar su cultura para que al feminismo no le sea imposible sobrevivir dentro de ella. Porque a lo largo de la historia del Frente Amplio el relato es que la mayoría abrumadora de feministas se han ido del frente o han dejado de militar en la estructura. Y las compañeras que se han sostenido han sufrido muchísima violencia.
De hecho, ponen arriba de la mesa un protocolo de violencia política que ya tiene un montón de casos, ¿no? Entonces yo creo que el replanteo de la transformación cultural que se da de lleno con la violencia política es uno de los desafíos más importantes que tenemos en este tiempo. Y creo que eso implica un cambio de práctica y una puesta de límites también, ¿no?, de lo que se puede y lo que no se puede. Creo que es en definitiva lo que está en cuestión.«
¿Consideras que el FA es atractivo para los movimientos feministas? ¿Qué crees que habría que hacer para volverlo más atractivo?
«Yo creo que no lo es. Me pregunto si lo que tenemos que hacer es volverlo atractivo para los movimientos feministas o simplemente procurar que las compañeras feministas que militan dentro del FA no tengan que irse de esos espacios de militancia. Con eso ya habremos hecho mucho más, ¿no?.
Creo que hay una cosa que a nosotros nos cuesta interpretar. Hay personas que militan en movimientos, y que realmente gozan de la militancia de movimiento, y hay otras personas entre las que me incluyo, que a lo largo de los años vamos prefiriendo la militancia de la organización, la militancia más orgánica.
Yo no sé si se trata de hacer que el Frente Amplio sea un espacio más atractivo para militar, sino que mínimamente haya una sensibilidad. De la misma manera que nosotros consideramos dentro de la izquierda que el movimiento sindical es un movimiento aliado de lucha, y yo no diría que tratamos de hacer atractiva la fuerza política para que los sindicalistas militen dentro, pero sí diría que son respetados y reconocidos dentro de la fuerza política. Eso con el feminismo no pasa. Entonces creo que hay otras mínimas en las que se puede pensar, que nos podemos imaginar, que impliquen el reconocimiento de las compañeras que militan dentro, ¿no?.
Hay una nota clásica muy buena que dice algo así como: ‘estamos cansadas de decir siempre lo mismo dentro de los partidos, la diferencia es que estamos cansadas pero no nos vamos a ir’. Históricamente las mujeres se fueron, y creo que el desafío que tenemos nosotros es trabajar para que no se vayan. Eso puede ser un logro transformador importante.«
¿Cuál crees que es la forma de conciliar a los movimientos feministas, caracterizados por su horizontalidad, con una organización como el FA que tiene una estructura jerarquizada?
«No sé si es así. El movimiento feminista tiene muchísimas organizaciones adentro y muchos movimientos, y muchas formas de organizarse en el adentro que son distintas. Hay construcciones más horizontales y otras que no lo son. Yo no sé si hay una línea que diga que el feminismo es horizontal.
Creo que es un poco más democrático, eso sin duda, pero que hay un montón de compañeras feministas que somos de izquierda, eso no es nada nuevo.
Me parece que no se trata de hacer al FA de una manera o de otra, sino de darnos cuenta de que los que están cómodos militando en esta forma de hacer política son los varones. Y que está lleno de varones por todos lados a pesar de que las mujeres somos más que la mitad del frente. Y eso está a la vista para cualquier persona.
No somos reconocidas como personas capaces de… y no digo dirigir porque no estoy hablando acá de la paridad, no porque no me parece importante, sino porque no me estoy refiriendo a eso. Digo que a ser reconocidas mínimamente en reuniones, a legitimar lo que pensamos… yo que sé.
Los compañeros que han estudiado mucho y leído mucho sobre muchos temas, no saben nada de feminismo, y nadie se hace preguntas. Entonces, ¿no será que también tenemos que incluir esto dentro de nuestra formación política? Incluir este tema como entre los temas que tenemos que saber algo. No sé, creo que no es necesario hacer un partido a imagen y semejanza del gusto de las mujeres, porque lo primero es identificar que la situación en la que están las mujeres dentro del frente es muy parecida a la de hace muchísimos años y no ha cambiado mucho. Entonces capaz que solo con eso ya alcanza, ¿no?«
¿Qué relación crees que hay entre la lucha feminista y la lucha de clases?
«Yo creo que hay una cosa gustosa que han hecho algunos compañeros a lo largo del tiempo, que es la discusión de la contradicción principal. Es una discusión que para mí no deberíamos dar más, ¿no?. No sé si es que no deberíamos dar más, o creo que es parte de las discusiones de las trampas en las que nos hacen caer a las compañeras que somos feministas y somos de izquierda, para decirnos que hay una parte del feminismo que es liberal y de derecha, y por tanto, el feminismo, como dijo hace poco López Obrador, o como escuche a muchos compañeros, es aliado de la agenda internacional liberal. Es una discusión que a veces me incomoda, porque se nos ha permitido discutir poco a las feministas sobre esto, y se ha usado como una manera de dejarnos afuera de un planteo clásico de la izquierda.
Yo sinceramente creo que hay un poco de miopía ideológica en ese planteo. En primer lugar porque en este país -o en todo el mundo- las más pobres, las que tienen menos capital, son las mujeres. Las mujeres además se quedan con sus hijos, y eso explica la pobreza infantil, las mujeres son las que tienen menos ingresos, las mujeres son las que tienen más horas de cuidado. Las horas de cuidados de las mujeres determinan las posibilidades de empobrecerse o desempobrecerse. Las mujeres son las que realmente tienen más dificultades para adaptarse al sistema, son las que sufren mucho más el impacto. Las mujeres son las que mueren en manos de hombres.
Hay una lectura de indicadores sobre la realidad de la vida de las mujeres, que cuando analizas desde la perspectiva de clase no tenés dudas de que las mujeres pobres son las más perjudicadas por el sistema. Y es de lo que hay menos voz sobre cómo viven la vida estas mujeres, osea, es sobre lo que hay menos construcción política.
Estamos hablando de que cuando hablamos de los trabajadores o de los desempleados, no hablamos jamás de las mujeres desempleadas que es la mayoría, y que es el principal problema que explica la pobreza. Y que los hombres son los que no pagan pensiones para alimentar a sus hijos y que eso explica en gran parte la pobreza infantil. Entonces a veces de verdad me pregunto: ¿cuál es la perversidad que construimos sobre esa dicotomía? porque si nosotros tenemos un real compromiso y un planteo sobre la lucha de clases, deberíamos estar no del lado de las mujeres trabajadoras, sino del lado de las mujeres de izquierda, de las mujeres pobres, de las mujeres oprimidas por el sistema, de las mujeres desaparecidas. Estaríamos preocupados realmente porque la trata de personas es un problema que tiene nuestro país, tendríamos que estar preocupados porque son gurisas pobres las que se llevan para la explotación sexual.
Entonces yo en la materialidad del debate central de la izquierda, no veo la dicotomía. En la teoría política, si lees a cualquier feminista marxista que haya escrito desde los años 30 hasta antes de ayer, no veo competencia, veo que hay un argumento político sostenido para contraponer algo que formalmente, es insostenible, eso me parece.
Me parece que no he escuchado hasta ahora argumentos sólidos en relación a tener un enfoque feminista combinado con un enfoque de clase, combinado con un enfoque racial y colonial y combinado con un enfoque heteronormado y capacitista. Que tiene otras variables y otras intenciones, que implica decir: la gente afro en este país es más pobre que la gente no afro, la gente afro en este país sufre discriminación de todo tipo, las personas trans en este país sufren discriminación y tienen dificultades de acceso a sus derechos humanos básicos, las personas con discapacidad tienen serias dificultades de inserción social.
Si vos mirás todas esas variables y analizas las condiciones de cada una de esas personas, para moverse dentro del esquema de distribución de clase, creo que es como lo que dijo Angela Davis, ¿no?, una feminista, negra y comunista, osea: mujer, raza y clase, las tres cosas combinan y hay sistemas que están entrelazados entre sí.
¿Porque queremos leer por separado?, no todo es de feminismo de izquierda, no a todo el feminismo le importa esto. Hay un feminismo de derecha, hay un feminismo del que le importa mucho más el techo de cristal que el piso pegajoso, y hay un feminismo que tiene una agenda liberal que a mí no me conmueve, y que nosotras también damos disputas en la interna de cuál es la agenda del feminismo, y cuál no consideramos que es la agenda del feminismo. Y hay un feminismo de izquierda, antifascista, comprometido.
Creo que a la izquierda lo que le ha costado mucho es reconocer a esas compañeras, y de alguna manera considerarnos una parte imprescindible del proceso de construcción de la izquierda, y no considerarnos molestas, eso es loco también.»
¿Por qué crees que no se da esa unanimidad en el movimiento feminista en cuanto a eso que mencionabas de cómo algunas se preocupan más por el techo de cristal que por el piso pegajoso, en definitiva, esa falta de consenso en algunos objetivos?
«Porque el feminismo tampoco pretende tener los mismos objetivos. Si hay algo que creo que es difícil de entender para muchas personas es esto de que el feminismo no tenga vocera, ni presidenta, ni organización central. Y ninguna de nosotras incluso cuando habla tiene aspiraciones de representar al feminismo ni a los feminismos, ni siquiera un tipo de feminismo.
Hay algo que se medía por una línea de acumulación política, por una forma de comunicación política. Entonces, el feminismo no pretende hacer síntesis. Y, yo creo que está bien. Entre otras cosas, porque hay muchas compañeras, te pongo como ejemplo el feminismo anarquista, ¿no? Que a lo largo de la historia del feminismo ha sido una corriente feminista súper importante, con el que muchas de nosotras tenemos diferencias políticas centrales, históricas. Como la discusión sobre el derecho al voto y al sufragismo, Si tiene que haber institucionalidad o no, o sea, hay un montón de discusiones. Ahora, yo creo que el feminismo anarquista tiene que existir. Y yo creo que el feminismo liberal tiene que existir.
Yo no combato al resto de los feminismos. Tampoco los quiero controlar, y tampoco quiero que piensen lo mismo que yo. Con que las feministas de izquierda y las feministas que militamos en el partido -que realmente somos muchas- logremos construir juntas una plataforma común, de acción común, incluso sabiendo que tenemos grandes desacuerdos en temas importantes pero que nos podemos centrar en lo que acordamos para la acción política, a mi ya me parece un logro super importante.
Pero creo que no hay un intento de síntesis porque no se pretende, no creo que sea necesario. Yo me pregunto a veces ¿Por qué lo sería? ¿Por qué sería necesario una síntesis? En realidad yo me puedo sentir representada en algunas cosas por muchísimas compañeras, en otras por muchísimas otras, y así. O sea, no sé si necesitamos votar una representación que diga “el feminismo esto” porque eso es justo lo que no es. No es un movimiento centralista, lo que no quiere decir que sea horizontal. Quiere decir que a lo largo de la historia no ha tenido Comité Central.»
Como sabemos el 27 de marzo tendrá lugar un referéndum para derogar 135 artículos de la LUC. Desde tu mirada: ¿Crees que es importante para las mujeres que gane el SI?
«Sí, claro, creo que es muy importante. Creo que entre otras cosas la visión que tenemos es que este modelo regresivo se puede analizar desde muchos lugares. Hay un análisis que es, bueno, todos los artículos de la LUC que afectan directamente a las mujeres -y te pongo como un ejemplo claro lo del microtráfico-, pero me parece que tiene que ver con el modelo que impone. En primer lugar que es un modelo impuesto, y es una imposición política que no permite el análisis y el intercambio. Creo que algo muy característico de las mujeres es el diálogo y que esto es justamente todo lo contrario a la construcción por el diálogo. Pero además, creo que las mujeres tienen vidas más precarizadas, y que este modelo es un modelo precarizador. Toda la lógica, por ejemplo, en la educación, la no participación de los y las docentes dentro de las decisiones educativas, el punitivismo y las transformaciones que en realidad mejoran la calidad de vida de las personas que ya tienen la mejor calidad de vida de todas, es principalmente precarizante para las mujeres.
Yo de verdad creo que es un análisis fundamental, el mundo en el que queremos vivir o el tipo de mundo queremos construir, que está lejos de este mundo que pretende construir la LUC. Creo que si piensas que no es sólo una ley, es una propuesta de modelo que sostiene los privilegios, también sostienen los privilegios que van en detrimento de las mujeres. Entonces yo creo que es sumamente importante esto. Creo que hay un compromiso muy importante de los feminismos de izquierda, de poner esto arriba de la mesa. «
Estamos llegando al final de la entrevista. ¿Hay algo que quieras decirle a las, los y les lectores de Diálogo 1968?
«Creo que en particular esta presidencia, o esta propuesta de presidencia, es una propuesta que pone arriba de la mesa una necesidad que estamos teniendo, que es de poder tener discusiones políticas profundas sobre cuál es el problema que estamos teniendo en relación a esto.
Porque estamos teniendo problemas, que no sólo identificamos las compañeras: el compañero presidente, por ejemplo, hace una propuesta concreta en relación a esto, y creo que hay muchísimos compañeros que están de acuerdo con que tiene que haber paridad y que el FA tiene que acercarse más a los movimientos en este momento, que tiene que haber una transformación cultural dentro de la fuerza política que le permita adaptarse a esta época, y que es una apuesta que va en ese sentido.
Pero como decía la canción ‘Si falta usted no habrá milagro’, o sea, nada de lo que se haga desde acá va a tener sentido si se decreta. Tiene que ser una construcción política, y el compromiso político que nos va a implicar a todos y a todas es poder incomodarnos con esto.
El feminismo es incómodo. Es incómodo para las mujeres también. Los planteos de las mujeres, aunque no sean feministas, son incómodos. Porque nos interpelan en cosas, porque nos hacen pensar cosas, porque nos hace enfrentar situaciones en las que nosotros estuvimos que si las miramos en perspectiva no nos sentimos cómodos.
Pero creo que habitar esa incomodidad, permitirnos esa incomodidad, es un poco el secreto del momento. Permitirnos decir ‘hay cosas de todo esto que no entiendo, y que me gustaría entender, ¡que me gustaría discutir y que me gustaría construir!’. Y permitírselo también a los compañeros, ¿no? Porque me parece que lo que sí sabemos las compañeras es que esta es una organización mixta y que somos mujeres que nos hemos dispuesto a construir un mundo mejor para todas y para todos, no sólo para las mujeres, para las mujeres también.
Hay lecturas que queremos incorporar, que son propias de las vivencias de las mujeres, que creemos que no están incorporadas y que sería bueno incorporar. Pero que no va en detrimento de seguir con una agenda universal -imaginamos un mundo mejor que también nos incluya-. Creo que tiene que ver con agregarle a las tradiciones de izquierda otras complejidades que nos harían ver más de cerca algunas desigualdades. Es una invitación a todas las personas que militamos en la izquierda, que tenemos compromiso con la izquierda de poder encontrar esas conexiones, a poder construir esas conexiones. Y que ese ejercicio es un ejercicio político con el que tenemos que tener el máximo compromiso, diría. Fue largo mensaje final, jaja.»
Esperamos que nos dejes en los comentarios tu opinión sobre las discusiones que plantea la entrevista, e ideas para próximos Dialogando Con.
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Interesante esto de incluir las diversas formas de como podemos y queremos participar las mujeres. Esta bueno pensarlo e imponernos lo nosotras mismas.